Y aquel joven estaba tan roto que hasta los “pedazos” de su alma podían hacer ruido. Su propio silencio hablaba. ¡Un corazón lleno de amor y sin embargo tan vacío! Unos ojos del color de la esperanza…esa que ya había perdido. Cuatro paredes donde “cobijar” su dolor bajo una manta. Un reloj que le recordaba el paso del tiempo. Rodeado de todo el calor de su gente y sin embargo, lleno de frío. Con sus cabellos despeinados, y sin luz propia.
—¿Y esto es el amor? —decía.—
No, querido mío. Se te olvidó poner un “des” delante. Seguí atravesando metas, habrá quien te acompañe siempre. Habrá una luna para vos que se llene de miel algún momento.