jueves, 1 de julio de 2021

Memoria

 Aquel amanecer, el miedo nos amordazó a punta de pistola. Desde entonces, tuvimos que tragarnos el dolor que nos produjo la ausencia de mi papá. En nuestra familia se congeló el tiempo, sobre todo el de mi mamá, que no volvió a ser la misma. Con el alma desgarrada, nos tragamos nuestra desesperación. Guardamos silencio de puertas para fuera mientras lágrimas de impotencia y de tristeza nos llovían por dentro.

Tras días de luto en el corazón, mi madre y mis hermanos resignados y llenos de fe, recordamos todo lo bueno que fue en vida, llenos de valor y armonía con la vida misma por el tiempo que nos lo prestó... Aquella herida no ha cicatrizado. Permanecerá latente en todos nosotros hasta que, una vez nos lo devuelva el olvido.