domingo, 28 de septiembre de 2014

Es la chavala con la que tropezás sólamente una vez en la vida


Nunca cambió. Cambió la manera de mirarse a sí misma, de verse frente al espejo y de criticarse. 

Nunca cambió. Cambió la manera de tratar a los demás por cómo la tratan.

 La ven sonreír, pero nadie sabe cuántas noches lloró porque le hicieron daño y tuvo un alfiler en la mano.

 No cambió, mejoró para no cometer tantos errores, para no caer a abismos equivocados.

 Está jodidamente loca y eso la hace única entre las demás, aún así piensa que es del montón, sin saber que es la chavala por la que el cielo cae para besarla.

 Estoy completamente seguro de que proviene de otro mundo, porque de este no es. Nadie sabe cuántas veces estuvo al fondo de su precipicio favorito, porque si de amar se trata, ella es totalmente inexperta, no tiene ni puta idea de qué es el amor.

 Nadie sabe cuántas lágrimas lleva debajo de su sonrisa ni cuántos insomnios tiene en la mirada. 

Nadie sabe lo que tuvo que sufrir para ser la chavala que hoy en día es.

 Nadie sabe hacerla sentir como si la vida no doliese, al contrario, las personas que ha conocido han aportado un granito de arena a su tristeza y a su forma de sentirse ignorada

. Le escriben a su felicidad, a su maquillaje, a su disfraz que lleva como si nada estuviese pasando, cuando en realidad el mundo se le cae a pedazos agigantados.

 Yo le escribo a su tristeza, a su dolor, a su encanto. 

Nunca cambió, sólo aumentó el amor a sí misma, a sus cicatrices y aprendió a lamerse las heridas en todas las estaciones del año, sin esperar a que alguien viniese a hacerlo. 

No habla con nadie de sus inseguridades, ni de su manía de hacer parecer las cosas aún más desastrosas.

 No sé nada de ella, lo que sí sé es que es una de esas chavalas que merece la pena tropezar más de una vez, pero es la chavala con la que tropezás solamente una vez en la vida.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Quién sos?


No sos un número de identificación
ni una talla de pantalón,
tampoco el color ni la marca de ropa que usás.
No sos la primera impresión
ni el perfume que utilizás.
Sos los sentimientos que provocás,
lo que soñás antes de dormirte,
lo que hacés cuando nadie te ve.
No sos a quien echás de menos cuando llueve,
ni a quien deseás en verano
ni a quien soñás al caer las hojas
ni a quien anhelás cuando reverdece;
sos a quien querés tener al lado en todas las estaciones.
Sos las cicatrices que se ocultan con la piel,
lo que gritás en los silencios
y a quien mirás de reojo.
No sos quien fuiste;
sos quien querés ser.
No sos el camino que has recorrido;
sos la resistencia que has tenido.
Sos lo que escribís en medio de la noche,
a quien se te viene a la mente cuando estás borracho,
a quien le dedicás tus insomnios y tus silencios.
Sos las conversaciones que tenés con vos mismo.
Sos cantante de tus miedos,
pintor de tus sueños,
constructor de tu futuro,
abogado de lo que querés,
juez de tus decisiones,
escritor de tu vida
y maestro de tus caídas.
Sos las canciones que tarareás sin darte cuenta,
los fragmentos de libros que sabes de memoria,
los momentos donde te falta el oxígeno
y las palabras que decís sin querer.
Sos vos
solamente vos.
Ser único, natural, loco y salvaje.
Sos lo que te impulsa a levantarte,
lo que te pone brillo en los ojos
y sonrisa en el rostro.

Los humanos llegan a dejar peores quemaduras que el fuego

Pendemos de un hilo, en cualquier momento alguien lo cortará y caeremos a lo más profundo de este precipicio, al final encontraremos un montón de sueños rotos, esperanzas caducadas y muchos finales felices que nunca llegaron a serlo.

 No tenemos nada que perder, tenemos todo para ganar; quien no tiene nada, lo mejor que puede hacer es arriesgarse, probablemente lo ganará todo con el esfuerzo de cada gota de sudor, con cada experiencia que ganó conforme tropezó. Y el verdadero problema aquí es que nos estamos conformando a la realidad, estamos empezando a echar raíces en lugares donde no teníamos previsto estar, están comenzando a crecer las ramas y están brotando frutos en descomposición, dentro. 

No es que sea triste, es que la tristeza fue la única que me invitó a pasar cuando nadie me abrió las puertas; fue la única que me abrigó en aquellos días en los que el sol no trasmitía calor; fue la única que me extendió los brazos en aquellas noches donde necesitaba un abrazo sin importar de quién, sólo necesitaba uno que me hiciese sentir que la vida valía la pena. Ella lo hizo. Dicen que “en los mejores peores momentos conocemos a las mejores personas”, se olvidaron mencionar que también conocemos a las peores, eso lo fui comprendiendo con el tiempo, porque los humanos también queman con sus actitudes. Y llegan a dejar peores quemaduras que el fuego. Never let me go, I just need a hug.