Pendemos
de un hilo, en cualquier momento alguien lo cortará y caeremos a lo más
profundo de este precipicio, al final encontraremos un montón de sueños
rotos, esperanzas caducadas y muchos finales felices que nunca llegaron
a serlo.
No tenemos nada que perder, tenemos todo para ganar; quien no
tiene nada, lo mejor que puede hacer es arriesgarse, probablemente lo
ganará todo con el esfuerzo de cada gota de sudor, con cada experiencia
que ganó conforme tropezó. Y el verdadero problema aquí es que nos
estamos conformando a la realidad, estamos empezando a echar raíces en
lugares donde no teníamos previsto estar, están comenzando a crecer las
ramas y están brotando frutos en descomposición, dentro.
No es que sea
triste, es que la tristeza fue la única que me invitó a pasar cuando
nadie me abrió las puertas; fue la única que me abrigó en aquellos días
en los que el sol no trasmitía calor; fue la única que me extendió los
brazos en aquellas noches donde necesitaba un abrazo sin importar de
quién, sólo necesitaba uno que me hiciese sentir que la vida valía la
pena. Ella lo hizo. Dicen que “en los mejores peores momentos conocemos a
las mejores personas”, se olvidaron mencionar que también conocemos a
las peores, eso lo fui comprendiendo con el tiempo, porque los humanos
también queman con sus actitudes. Y llegan a dejar peores quemaduras que
el fuego. Never let me go, I just need a hug.
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