jueves, 21 de mayo de 2015
A mí me duelen muchas cosas
Ya deberías saber que las personas son más de lo que callan, que a veces les duele más un "te necesito" a destiempo, que un "esto ya no es posible, hasta nunca". El adiós es solamente una soledad pasajera, pero que ojalá nos durara lo que dura un atardecer en darse cuenta que él también está muriendo al final del día. Que vos morís también, que te cansás de tanto estar forzando la sonrisa a la gente para no dar explicaciones sobre tu vida, o sobre por qué hacés las cosas de esa manera.
Te setás en medio de la carretera, das un suspiro, mirás con qué velocidad el tiempo se acerca a vos y que está a punto de mandarte al hospital, o de matarte en el instante.
Y te quedás quieto, esperando el choque contra vos.
A mí también me duelen muchas cosas, y tengo que ocultarlas. O escribirlas. Y es triste, porque uno tiende a callar lo que le carcome por dentro, en lugar de sacarlo y que sufra las consecuencias quien tenga que sufrirlas. A estas alturas me da más vértigo ver hasta dónde alguien puede llegar con su orgullo, que ver al vacío desde un rascacielos. Hay taxis que pasan solamente una vez por la vida, y vos tenés que tomar las decisiones más importantes en una fracción de segundo. Un "sí" o un "no" dicho demasiado tarde podría cambiar el rumbo de tu vida hacia una dirección lamentable. Algo así son las oportunidades. Tenés que coger los trenes próximos, no esperar a alguien que no perdería los suyos por vos.
Yo también tengo esa clase de días: de no querer salir de casa, de quedarme en cama todo el día viendo televisión, de no desenrollar las cortinas, de no querer que ni siquiera el sol entre a mi habitación ni ver de qué color está pintado el cielo, de llorar todas las palabras que ya caducaron. Yo también, yo también tengo esos días.
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