martes, 23 de junio de 2015

Sólo

Sólo.

En este ruidoso silencio
comienzo a percibir el leve
murmullo de quienes
han  estado siempre.

Sólo.

Cerrando los ojos intuyo
la esencia de las formas cotidianas,
de las escenas rotuladas
por etiquetas heredadas.

Sólo.

Me estremezco al sentir mi Ser,
al descubrirme en la respiración,
en la presencia de la puerta
que accede a la conciencia.

Sólo.

Comienzo a darme cuenta,
a comprender
que ni ahora, ni nunca,
he estado Sólo.

viernes, 12 de junio de 2015

Mi hermana

Ella nació como quien regala 
tormenta y calma,
miedos y certezas.
Puso al karma de su parte  
y cambió el rumbo
de mis días
-aunque estos aún no habían llegado-.

Ella tiene más lunares que defectos,
pero no más pecas que nostalgias.

Puede que no sepa más que Einstein
sobre relatividad
pero todo lo que sea relativo 
a mí lo conoce mejor que nadie.
Cuando me mira
el universo camina a
2.99999x10^8 latidos por segundo 
y el tiempo se dilata.
Albert jamás lo entendería
pero yo lo comprendo
sin necesidad de paradojas.

Ella va por la vida rompiendo
la barrera del sonido
y barriendo cualquier roto,
reflejando sus ojos en otros
con un ángulo incidente
que limpia cualquier mirada.

La frecuencia de sus latidos es
directamente proporcional
a la de los míos
e inversamente proporcional a 
la rutina de mis eneros. 

Aún no se ha establecido magnitud que
mida sus miedos
pero yo sé de sobra
todo lo que teme precipitarse,
polarizar otros cuerpos
y lanzarse al vacío 
influida solo por la gravedad
de todo lo que siente.

Construye castillos de arena
con mis lágrimas.
Aprendo el significado de la palabra ''riesgo''
cuando, ella, tan temeraria como siempre,
disfruta con el aire que la despeina
y yo, tan cobarde como de costumbre,
miro con cara de admiración
sin soltar los pies del suelo. 
Me protege la espalda 
y encima, le saca la lengua a
mis fobias.
La miro,
encuentro la complicidad

Accidente geotrágico


A lo lejos se encuentran mis defectos
esculpidos en piedra,
escupidos en forma de accidente geotrágico.
Ahí están, inmóviles y erosionados por mis pasos
y no por el del tiempo
-no sería justo culpar a las agujas del reloj de nuestros retrasos.-

Aprecio vientos totalmente indiferentes a lo que pueda sentir.
Ellos tienen la potestad de soplar con el cariño con el que te sacan
del ojo una pestaña que escuece
o con la furia devastadora que acaba con
el lugar más hermoso que hayamos podido imaginar.
Nosotros, la obligación de experimentar
el alivio de ser soplados
o el lamento por ser devastados.

Hay árboles con raíces endebles
en los que me veo mucho más reflejado
que en ríos de agua cristalina,
y animales en peligro de extinción
que intentan autoperpetuarse
con la misma fuerza que
lo hace el último recuerdo que nos queda
de la persona que alimentó nuestras vigilias.

Una voz artificial anuncia que llegamos a nuestro destino.
Qué suerte poder hacer de un cristal
una ventana
de vez en cuando,
aunque acabe anocheciendo
y no se vislumbre absolutamente nada.
Nos queda la añoranza de lo que nuestras retinas captaron
y el consuelo de que siempre habrá más trenes.
¿Qué pensará el resto de pasajeros de todo esto?

jueves, 11 de junio de 2015

Sobre improbables y otros "ojalá"

Nuestras palabras nos delatan, desde las tildes hasta las comas. Creemos que es la mejor manera de huir lejos, y olvidamos que contienen las huellas dactilares del alma. Qué ingenuos.

Nos joden las letras que forman "imposible" y hablamos de excepciones y de milagros como quienes poseen una fe incurable. Agarrarse a la épica cuando los quizás duelen demasiado y apurar el descuento buscando el gol del éxtasis.

Por eso después de millones de susurros contra una pared, creo que es mejor cruzar la línea de lo irrealizable, dejar de rezarle a los improbables,cogerse a la  mala suerte.
Porque tres minutos de valor absurdo con consecuencias nefastas son tal vez el mejor patrimonio de mi orgullo. Y porque a veces el agua helada te regala la risa y el caos y el silencio. Vale la pena arriesgar la dignidad de vez en cuando. Curiosamente se cura sola, y cuida sus heridas mejor que algunas personas. Las convierte en medallas que certifican el valor de nuestras derrotas.

De un momento de locura se pueden vivir varios años. Pero una vida de aguas apagadas y tranquilas no te salva el corazón del huracán del tiempo.
Y aprendemos eso  tarde.
No soy partidario de idioteces gratuitas, sino de (algunas veces) hacer inteligentes los impulsos con un poco de razón, de conseguir protegerse sin ser coraza, de cuidar lo de fuera sin destruir lo de de dentro. (Aunque luego siempre nos consuman los extremos).
La historia de mediar entre el miedo y la verdad, otro cuento que perdimos entre hojas arrugadas de un libro que nunca quisimos escribir.