viernes, 12 de junio de 2015

Mi hermana

Ella nació como quien regala 
tormenta y calma,
miedos y certezas.
Puso al karma de su parte  
y cambió el rumbo
de mis días
-aunque estos aún no habían llegado-.

Ella tiene más lunares que defectos,
pero no más pecas que nostalgias.

Puede que no sepa más que Einstein
sobre relatividad
pero todo lo que sea relativo 
a mí lo conoce mejor que nadie.
Cuando me mira
el universo camina a
2.99999x10^8 latidos por segundo 
y el tiempo se dilata.
Albert jamás lo entendería
pero yo lo comprendo
sin necesidad de paradojas.

Ella va por la vida rompiendo
la barrera del sonido
y barriendo cualquier roto,
reflejando sus ojos en otros
con un ángulo incidente
que limpia cualquier mirada.

La frecuencia de sus latidos es
directamente proporcional
a la de los míos
e inversamente proporcional a 
la rutina de mis eneros. 

Aún no se ha establecido magnitud que
mida sus miedos
pero yo sé de sobra
todo lo que teme precipitarse,
polarizar otros cuerpos
y lanzarse al vacío 
influida solo por la gravedad
de todo lo que siente.

Construye castillos de arena
con mis lágrimas.
Aprendo el significado de la palabra ''riesgo''
cuando, ella, tan temeraria como siempre,
disfruta con el aire que la despeina
y yo, tan cobarde como de costumbre,
miro con cara de admiración
sin soltar los pies del suelo. 
Me protege la espalda 
y encima, le saca la lengua a
mis fobias.
La miro,
encuentro la complicidad

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