viernes, 25 de marzo de 2016

Y por qué Vos?

Porque con vos aprendí a ser fuerte, a no dejarme en la primera, sino ir por mucho más, porque merezco más que los restos de lo que otros han dejado en el camino. Me enseñaste que no debo conformarme sino reformarme cada que tengo la oportunidad de hacerlo, de izar mi bandera aunque el día se manifieste triste y opaco. 

Porque con vos supe lo que era amor, no de ese de palabras y jugueteos, sino de aquel intenso y letal; porque, decías, el amor para ser bueno tiene que tener dos caras totalmente opuestas, porque se hace una idea errónea desde el momento en el que nos interesa saber más los conceptos que sentir en carne propia los sentimientos. Si hay que amar, hay que amar en las buenas y en las malas, quiero decir, es necesario aceptar tal cual el otro es, porque nadie es santo ni demonio.

Porque con vos hablé por primera vez de las cosas que me dolían y nadie, absolutamente nadie, descifraba lo que mi mirada gritaba a los atardeceres, porque siempre fui, como te dije desde un principio, el maje que cuando encuentra algo con lo que se identifica: va, lo abraza y lo rompe. Bueno, nos rompemos. 

Porque con vos todo lo extraordinario me pareció tan normal que me dio tanto miedo ir a por ello, porque me hiciste ver las esencia de las pequeñas cosas, de lo importante que es saber que en el mundo no se van a encontrar dos personas iguales, porque cada uno de nosotros tenemos algo que nos hace únicos. Y al hacernos únicos nos hace perfectos para alguien que busca refugio.

Porque con vos sentí a flor de piel lo que era tener un corazón roto y no un corazón grietado. Siempre había pensado que lo tenía tan roto que era prácticamente imposible volverlo a amar, porque ciertas partes, pensaba, se las habían llevado hace mucho. Y no, en realidad, estaba con tantas grietas por las cuales cualquiera podía colarse o huir. Y a mí siempre me aterrorizó más la idea de tener un corazón grietado, porque es aquel que se resiste a romperse, que llega un punto en el que se rompe con toda la brutalidad inexistente. 

Porque con vos empecé a desnudarme tal cual era, sin miedo, ni inseguridades, ni siquiera ya el pasado me veía como si tratase de impedir que construyera algo bonito donde me encontraba.

Porque con vos las fotografías pasaron a segundo plano y desde entonces, cuando estoy con vos, pierdo la noción del tiempo. Me olvido de lo que un día ardió en mi piel, de lo que grietó el corazón, de lo que hizo que fuera la persona que soy. No es fácil decir ni enorgullecerse por ello, pero vos me enseñaste que debo de levantar la cabeza siempre que hablo del que un día fui, porque, al final y al cabo, es lo que forjó para que ya no siguiera haciendo las cosas de la misma forma, a tratar igual a como me tratan, a no dejar mis ojeras en las noches equivocadas ni mi vida en los lugares donde sólo se habla de soledad.

Porque con vos el cero empezó a tener valor. Y mirá que eso va contra todas las reglas matemáticas. Y es que me niego a contarle a los demás de la vez en que me hiciste violar las leyes del universo.

viernes, 18 de marzo de 2016

Brotar



Mi mama me enseñó que, aunque tenga dolor, debo prestarle más atención a lo que sucede a mi alrededor. Porque el dolor seguirá ahí, por algunos días, y esos días podrían convertirse en meses, sino es que en años. Pero lo que sucede a tu alrededor no podría sucederte nunca más en la vida. Y por eso es que a veces llego a la conclusión: sobre el sufrimiento uno no puede decir en él, sin embargo, lo que te sucede te elige a vos, como principal espectador. Para que lo disfrutés, para que te riás con ello y no de ello, porque hay un mundo de diferencia.

Siempre he pensado que ciertas cosas, como la risa, son mejores compartidas. Y qué bonito es encontrar a alguien quien nos haga reír, aunque no esté, porque hay con quienes se crea una conexión tan grande, con tanto magnetismo que, cuando no se tienen el uno para el otro para un abrazo, se siente cierta electricidad en el aire que te electrocuta. Te sacude el cuerpo, incluso los pensamientos -te los alborota y te despierta algún sentimiento adormecido-. Y pensás rápidamente en él. En ese alguien.

A veces tener a alguien para compartir un poquito más que los insomnios, es el regalo más grande que te puede ofrecer la vida. Y hay que verlo en el momento, porque, así como hay personas que sólo pasan una vez en la vida, también hay historias que solamente se escriben una vez. Y a veces es el demasiado tarde quien la escribe por nosotros. A veces somos tan ciegos que hasta me duele la idea de no ver lo que ha dejado de ser invisible para que lo veamos con toda y su belleza.


Siempre nos quedará, dentro de algunos años, la oportunidad de releer de nuevo el libro y ver en qué fallamos, pero hay que hacer hasta lo que no se debería por no arrancarle una lágrima a quien ha florecido en nuestro lugar. Y muchas veces donde estamos parados no es un buen lugar donde alguien quisiera germinar.