jueves, 7 de abril de 2016

meh!

Y me mirás.
Me mirás porque soy un desastre.
Un desastre que no pasa desapercibido por tantos daños.
Y, de pronto, tu sonrisa se adhiere a mis heridas,
en busca de sanación de las mismas,
y ellas no hacen otra cosa que dejarse lamer por la ilusión
y la esperanza otra vez.

Otra vez las cicatrices vuelven a abrirse
sólo para que vos entrés
y le des paso continuo de tu vida en la mía.

A veces pienso que vivir es muy parecido a un ascensor,
vas ascendiendo o descendiendo.
Y mientras tanto,
te limitás a mirar,
a quedarte en silencio,
a ver al otro de reojo,
a esperar mientras llegás,
a precipitarte,
a tener vértigo.

A veces me siento como esa canción olvidada,
como los restos del dolor convertidos en arte, 
como ese libro que jamás llegarás a leer 
porque nadie te lo recomienda.

Ya vos decidís que es porque no es bueno 
o porque no quiere compartirlo con vos. 

En más de alguna línea ajena he visto arder mi infierno,
no sabés lo bonito que llega a ser leerte a vos mismo
en el fuego de otro. 
Bonito o terrible. 

A veces me siento el blanco perfecto 
de una bala que no busca herirme, 
pero que consigue hacerme un hueco
donde cualquiera puede entrar y salir
cuando

donde quiera.

Ya sabrás vos de las causas perdidas,
de las mariposas muertas en el estómago, 
de la última esperanza que envejece mientras espera
algo que la mente le grita: "vamos por eso,
jamás llegará de esta forma".

Algunas bocas brillan mientras sonríen,
mientras besan, 
o mientras callan. 

Y comprender que sonreír, besar y callar
es la mejor forma de dar a por culo a la vida.

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