Quizás no nos quepa todo el amor en un beso
y tengás que quedarte a dormir.
Quizás deberíamos acariciarnos
hasta que se nos duerman las manos
y parezcan otros dedos ajenos a los nuestros
aquellos que nos desnudan.
Puede que también deba explorar detrás de tus rodillas,
ponerle un nombre al lunar que reina
tu codo derecho.
Robarte el aire de un suspiro como si fuera brisa,
la saliva del cielo de tu boca como si fuera whisky,
el sabor dulce de tus piel como si fuera mío.
Tal vez confunda hambre y fetichismo,
debajo de tus zapatos negros,
y como si formaras parte de una ecuación imposible
toqué a ritmo de lengua acordes inolvidables
desde los dedos de tus pies hasta tu abdomen.
Serás canción y a la vez protagonista
de esta melodía que acompaña a los gemidos.
Quizás no nos quepa todo este frío en un abrazo
y busquemos más calor debajo de la ropa.
Probablemente debamos arder
ahora que entre los dos
sumamos un infierno.
Y hacer el amor pero cogiendo,
coger hasta que nos salga el amor
por los labios
y tengamos que lamernos la boca,
el uno al otro,
para conocer el verdadero sabor de la felicidad.
Entrar en ti como entra el sol enamorado por la ventana
a dibujar galaxias sobre tu espalda desnuda.
Saborear las estrellas eternas de tu pecho,
atar tus manos suaves a mis bruscos sueños,
lamer tu c** hasta buscar mi asfixia.
Serás tan mio, mio,
que solo podré pagarte con mi vida.
Y quizás amor no nos quepa ni la muerte
en este modo tan nuestro de existirnos.
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