Los que no creían en la magia
inventaron la poesía.
No sos cuestión de magia
-y la poesía es la respuesta-
porque los magos leen mentes
y los poetas,
corazones;
y vos siempre tenes tiempo para un latido más.
Por vos me quito el sombrero
y lo pongo a tus pies,
al lado del mundo,
para que las personas
te echen los abrazos
que hicieron falta
cuando sintieron frío,
porque la mejor caridad
es el cariño.
Si el sombrero fuera gracioso
sería más bien de chiste
porque no hay truco
ni necesidad de esconder nada.
Te leería cada noche
todos mis cuentos de miedo
para que te levantaras
sintiéndote la persona más valiente del mundo
historias de fantasmas
que no son transparentes:
tienen color papel
y pupilas de tinta negra,
historias de cobardes
que les pintan cicatrices
con su puño
y
letra
para mantenerlos al margen
de la hoja.
Me dan a elegir una carta
y escojo las que me quedan por mandarte,
y las escaleras de colores,
mejor hacia tu casa.
Me encadené a vos
con grilletes
que unen por dentro,
y cuando me río con vos,
no recuerdo dónde están
y no podemos escapar.
Damos el espectáculo
sin cobrar entrada
pero las decepciones sólo son aptas
para unos pocos.
No entiendo de magia,
pero si me preguntan:
¿Dónde está la poesía?
¿Aquí?
(En tus ojos),
¿Aquí?
(En tu boca),
¿O aquí?
(En tus manos),
sé contestar:
la poesía está dónde vos la querás encontrar.
No sé hacer magia,
y no me inquieta,
porque no me hace falta crear algo que no existe
si existís vos.
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