lunes, 17 de marzo de 2014

Botones!

Si te apetece tocar botones
podés empezar a buscarlos en mi cuerpo,
a ver si encendés alguna función escondida
o apagás algún miedo,
o me subís el brillo,
o nos dejás en lo oscuro
y chocamos.

Tené cuidado 
si vas te topás
con el botón de suprimir,
no vaya a ser que nos borrés
antes de haber sido
o me eliminés alguna herida
y entonces deje de ser yo
y ya no podamos ser nunca.

Tampoco te recomiendo el botón de espacio
que ya se sabe lo puta que es la distancia,
y la luna es la misma para todos,
pero prefiero hablar de cuarto menguante
refiriéndome a mi cuarto
minimizado a tu cercanía,
ya sabés,
caber en un puño cerrado 
y desde adentro
golpear el mundo y que todo tiemble
cuando hablo de nosotros.

Hay otro peligroso,
el de inicio,
que empezar de cero es un fracaso,
y no nos hace falta,
vos ya me besás como por primera vez
y yo te sueño más que siempre,
el amor no es todavía una mamá
cuidándonos porque sí,
y tenerte en el sofá
es el segundo piso
y no al revés,
que hablar de principios
es también hablar de finales
y no quiero.

Si te topás con las letras
tratá de no ponerle nombre a nada
para no poder llamarlo, 
para que si viene
venga porque quiere.
Te dejo escribir lo que te salga,
hasta cometer faltas de ortografía
para que nos reescribás sin pensar,
para que nos manchés al tachar. 
Acordate de la acción de los verbos,
las paradas solo son permisibles
si son para besarse,
podrías empezar por ahí.

Si encontrás los números 
no nos pongás fecha de caducidad,
ni hablés de futuros lejanos,
no nos encerrés en calendarios
que no han oído hablar de nosotros.
Mejor escribí absurdas cantidades
de lo que sea que podás darme
sin que yo te lo pida.

Pulsá el play 
que yo me encargo de tus cables,
de enredarlos,
se entiende,
que quiero poder abrazarte los circuitos
y hacerte nudos imposibles
en la cima de cada enchufe,
que quiero des(a)nudarte después,
cada vez que conectemos
y sin remedio nos busquemos
el botón de encendido.

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