lunes, 7 de septiembre de 2015
A(ma)rte
Yo quiero hacer de mi vida una obra de arte y quiero amarte como el primer día del resto de nuestra vida.
Quiero que seás a lo que llamo poesía: versearte, besarte los huesos, comerte a besos y matarte a carcajadas.
Quiero lamerte lo que tanto te cuesta cicatrizar,
eternizar lo fugaz,
olvidar que existe un mañana
y prometerte un ahora lleno de fuegos artificiales.
Quiero lo que vos tanto odiás
y quiero odiar lo que nos separe.
Prometo ser fiel enemigo de lo que te quita la sonrisa y juro buscar hasta por debajo del mar los motivos para que volvás a florecer, y volver a ver a ese chavalo que es el eje de una galaxia desconocida, que pasa desapercibido ante la poesía y no sabe volver dos veces al mismo lugar. Así que vos,no te vayás. Quedáte, espero que seás feliz. Muy feliz.
No te prometo "para siempre's" que quizás no pueda cumplir, pero te regalo un infinito en los días que dure. Tampoco "hasta nunca's", porque sé que si algún día no caminamos en el mismo camino ni en la misma dirección, algún día nuestras narices chocarán de nuevo.
¡Basta ya de tanto futuro, y comencemos a vivir lo que tenemos de una vez por todas! Un día podría ser el más amargo al ver que te la has pasado esquivando lo que ha llegado y se ha acomodado a tu lado.
Quiero recordarte que si tenés ganas de llorar, llorá hasta que ya no tengás lágrimas;
si querés huir y dejar todo atrás: andáte, toma las llaves de un carro y no mirés el retrovisor;
si querés gritar, grita hasta que la garganta te duela y tengás la boca seca.
Pero no te quedés con las ganas, porque esas ganas, con el tiempo, se van acumulando, y llega un punto en el que ya no sabés qué hacer con ellas.
Quiero darle la vuelta al mundo para abrazarte por detrás, agarrarte de la mano y escapar. Llevarte a conocer mundo, ser turista de tus ruinas, porque a mí ninguna Roma va a decirme de qué alma enamorarme.
Y quiero que vos
me hagás extranjero
de este cuerpo.
Voy a hacer lo imposible para que sepás quién sos, y voy a estar ahí, justo cuando te entre pánico. Y que me aprietes fuerte la mano. Y que salgás corriendo conmigo. Porque lo que yo quiero es que vayamos juntos, y que nos *vengámos a la vez. Recordar noches, olvidarnos de todos los agostos en los que nos hemos sentido miserables. Llevar tus meses favoritos en el bolsillo y sacártelos cuando querrás que sea verano otra vez.
Y que la poesía nos eternice,
amén.
jueves, 16 de julio de 2015
Sin palabras
Si el mundo estuviese hecho de harina, querríamos conocer los secretos de la harina; si de huevo, los secretos del huevo; si de plastilina, los de la plastilina.
Nosotros estamos hechos, sobre todo, de palabras.
Cuando nacemos, alguien toma en sus brazos ese trozo de carne fresca y comienza a amasarlo con palabras.
Somos niños o niñas, altos o bajos, feos o guapos, porque nos cuecen en una salsa de adjetivos, pronombres, verbos, adverbios y preposiciones.
Un hombre hecho, incluso a medio hacer, es el hijo de, el novio de, el padre de, el amigo de, del mismo modo que es ingeniero o médico o mendigo, además de español, inglés o lituano. Por eso, conviene conocer el funcionamiento de las palabras con la precisión con la que conocemos el de los pulmones.
El corazón mata, pero las palabras también. Si a usted, por ejemplo, le asignan la palabra mujer, corre el peligro de perecer a manos de un marido (llevamos 38 mujeres muertas en lo que va de año). Y si le asignan el término inmigrante, tiene bastantes posibilidades de ahogarse al cruzar el Estrecho en una balsa.
Vamos al cardiólogo cuando nos duele el corazón, pero no se nos ocurre acudir al gramático cuando nos duele la vida. Y hacemos bien, porque lo cierto es que cada uno debería ser su propio gramático. Acabo de comprar una novela titulada “Cuando eramos mayores”, de Anne Tyler (Alfaguara) cuya primera frase dice así: “Érase una vez una mujer que descubrió que se había convertido en la persona equivocada”. No puedo decirles cómo sigue porque llevo varios días intentando digerir ese comienzo tan terrible como esperanzador.
Es cierto: a veces no eres capaz de sacar adelante el proyecto que tenías de ti y te sale un individuo detestable. Pero si dispones de los recursos verbales necesarios para darte cuenta, quizás puedas rectificar.
Me pregunto si no nos habremos convertido en las sociedades y en las naciones y en los países equivocados. Y si todavía estamos a tiempo de construir una frase tan sencilla, pero tan eficaz, como la de esa novela: érase un mundo que descubrió que se había convertido en un mundo equivocado.
Hay que hacer un pequeño esfuerzo sintáctico, pero vale la pena. Viva la gramática.
Juan Jose Millás.
Nosotros estamos hechos, sobre todo, de palabras.
Cuando nacemos, alguien toma en sus brazos ese trozo de carne fresca y comienza a amasarlo con palabras.
Somos niños o niñas, altos o bajos, feos o guapos, porque nos cuecen en una salsa de adjetivos, pronombres, verbos, adverbios y preposiciones.
Un hombre hecho, incluso a medio hacer, es el hijo de, el novio de, el padre de, el amigo de, del mismo modo que es ingeniero o médico o mendigo, además de español, inglés o lituano. Por eso, conviene conocer el funcionamiento de las palabras con la precisión con la que conocemos el de los pulmones.
El corazón mata, pero las palabras también. Si a usted, por ejemplo, le asignan la palabra mujer, corre el peligro de perecer a manos de un marido (llevamos 38 mujeres muertas en lo que va de año). Y si le asignan el término inmigrante, tiene bastantes posibilidades de ahogarse al cruzar el Estrecho en una balsa.
Vamos al cardiólogo cuando nos duele el corazón, pero no se nos ocurre acudir al gramático cuando nos duele la vida. Y hacemos bien, porque lo cierto es que cada uno debería ser su propio gramático. Acabo de comprar una novela titulada “Cuando eramos mayores”, de Anne Tyler (Alfaguara) cuya primera frase dice así: “Érase una vez una mujer que descubrió que se había convertido en la persona equivocada”. No puedo decirles cómo sigue porque llevo varios días intentando digerir ese comienzo tan terrible como esperanzador.
Es cierto: a veces no eres capaz de sacar adelante el proyecto que tenías de ti y te sale un individuo detestable. Pero si dispones de los recursos verbales necesarios para darte cuenta, quizás puedas rectificar.
Me pregunto si no nos habremos convertido en las sociedades y en las naciones y en los países equivocados. Y si todavía estamos a tiempo de construir una frase tan sencilla, pero tan eficaz, como la de esa novela: érase un mundo que descubrió que se había convertido en un mundo equivocado.
Hay que hacer un pequeño esfuerzo sintáctico, pero vale la pena. Viva la gramática.
Juan Jose Millás.
Primero
Temés por aquello, por vos, por lo que pasó, por lo que pasará. Por el equilibrio, por el desequilibrio, por el engaño y por la verdad. Por las noches sin dormir y las sonrisas matutinas. Por lo que sabés y lo que no sabés. Porque todo puede ser completamente mejor o desesperadamente peor. Temés por tantas cosas que te bloqueás.
No hacés nada, porque nada te responde... ni tu cerebro ni tu corazón.
¿Y esto que significa? Pues no lo sé...Supongo que es bastante difícil de entender.
Lo que está claro es que nunca será indiferencia.
Una de las características del lenguaje coloquial, es que se habla en 2º persona cuando en realidad quieres hablas en 1º persona…
No hacés nada, porque nada te responde... ni tu cerebro ni tu corazón.
¿Y esto que significa? Pues no lo sé...Supongo que es bastante difícil de entender.
Lo que está claro es que nunca será indiferencia.
Una de las características del lenguaje coloquial, es que se habla en 2º persona cuando en realidad quieres hablas en 1º persona…
martes, 23 de junio de 2015
Sólo
Sólo.
En este ruidoso silencio
comienzo a percibir el leve
murmullo de quienes
han estado siempre.
Sólo.
Cerrando los ojos intuyo
la esencia de las formas cotidianas,
de las escenas rotuladas
por etiquetas heredadas.
Sólo.
Me estremezco al sentir mi Ser,
al descubrirme en la respiración,
en la presencia de la puerta
que accede a la conciencia.
Sólo.
Comienzo a darme cuenta,
a comprender
que ni ahora, ni nunca,
he estado Sólo.
En este ruidoso silencio
comienzo a percibir el leve
murmullo de quienes
han estado siempre.
Sólo.
Cerrando los ojos intuyo
la esencia de las formas cotidianas,
de las escenas rotuladas
por etiquetas heredadas.
Sólo.
Me estremezco al sentir mi Ser,
al descubrirme en la respiración,
en la presencia de la puerta
que accede a la conciencia.
Sólo.
Comienzo a darme cuenta,
a comprender
que ni ahora, ni nunca,
he estado Sólo.
viernes, 12 de junio de 2015
Mi hermana
Ella nació como quien regala
tormenta y calma,
miedos y certezas.
Puso al karma de su parte
y cambió el rumbo
de mis días
-aunque estos aún no habían llegado-.
Ella tiene más lunares que defectos,
pero no más pecas que nostalgias.
Puede que no sepa más que Einstein
sobre relatividad
pero todo lo que sea relativo
a mí lo conoce mejor que nadie.
Cuando me mira
el universo camina a
2.99999x10^8 latidos por segundo
y el tiempo se dilata.
Albert jamás lo entendería
pero yo lo comprendo
sin necesidad de paradojas.
Ella va por la vida rompiendo
la barrera del sonido
y barriendo cualquier roto,
reflejando sus ojos en otros
con un ángulo incidente
que limpia cualquier mirada.
La frecuencia de sus latidos es
directamente proporcional
a la de los míos
e inversamente proporcional a
la rutina de mis eneros.
Aún no se ha establecido magnitud que
mida sus miedos
pero yo sé de sobra
todo lo que teme precipitarse,
polarizar otros cuerpos
y lanzarse al vacío
influida solo por la gravedad
de todo lo que siente.
Construye castillos de arena
con mis lágrimas.
Aprendo el significado de la palabra ''riesgo''
cuando, ella, tan temeraria como siempre,
disfruta con el aire que la despeina
y yo, tan cobarde como de costumbre,
miro con cara de admiración
sin soltar los pies del suelo.
Me protege la espalda
y encima, le saca la lengua a
mis fobias.
La miro,
encuentro la complicidad.
mida sus miedos
pero yo sé de sobra
todo lo que teme precipitarse,
polarizar otros cuerpos
y lanzarse al vacío
influida solo por la gravedad
de todo lo que siente.
Construye castillos de arena
con mis lágrimas.
Aprendo el significado de la palabra ''riesgo''
cuando, ella, tan temeraria como siempre,
disfruta con el aire que la despeina
y yo, tan cobarde como de costumbre,
miro con cara de admiración
sin soltar los pies del suelo.
Me protege la espalda
y encima, le saca la lengua a
mis fobias.
La miro,
encuentro la complicidad.
Accidente geotrágico
A lo lejos se encuentran mis defectos
esculpidos en piedra,
escupidos en forma de accidente geotrágico.
Ahí están, inmóviles y erosionados por mis pasos
y no por el del tiempo
-no sería justo culpar a las agujas del reloj de nuestros retrasos.-
Aprecio vientos totalmente indiferentes a lo que pueda sentir.
Ellos tienen la potestad de soplar con el cariño con el que te sacan
del ojo una pestaña que escuece
o con la furia devastadora que acaba con
el lugar más hermoso que hayamos podido imaginar.
Nosotros, la obligación de experimentar
el alivio de ser soplados
o el lamento por ser devastados.
Hay árboles con raíces endebles
en los que me veo mucho más reflejado
que en ríos de agua cristalina,
y animales en peligro de extinción
que intentan autoperpetuarse
con la misma fuerza que
lo hace el último recuerdo que nos queda
de la persona que alimentó nuestras vigilias.
Una voz artificial anuncia que llegamos a nuestro destino.
Qué suerte poder hacer de un cristal
una ventana
de vez en cuando,
aunque acabe anocheciendo
y no se vislumbre absolutamente nada.
Nos queda la añoranza de lo que nuestras retinas captaron
y el consuelo de que siempre habrá más trenes.
¿Qué pensará el resto de pasajeros de todo esto?
jueves, 11 de junio de 2015
Sobre improbables y otros "ojalá"
Nuestras palabras nos delatan, desde las tildes hasta las comas. Creemos que es la mejor manera de huir lejos, y olvidamos que contienen las huellas dactilares del alma. Qué ingenuos.
Nos joden las letras que forman "imposible" y hablamos de excepciones y de milagros como quienes poseen una fe incurable. Agarrarse a la épica cuando los quizás duelen demasiado y apurar el descuento buscando el gol del éxtasis.
Por eso después de millones de susurros contra una pared, creo que es mejor cruzar la línea de lo irrealizable, dejar de rezarle a los improbables,cogerse a la mala suerte.
Porque tres minutos de valor absurdo con consecuencias nefastas son tal vez el mejor patrimonio de mi orgullo. Y porque a veces el agua helada te regala la risa y el caos y el silencio. Vale la pena arriesgar la dignidad de vez en cuando. Curiosamente se cura sola, y cuida sus heridas mejor que algunas personas. Las convierte en medallas que certifican el valor de nuestras derrotas.
De un momento de locura se pueden vivir varios años. Pero una vida de aguas apagadas y tranquilas no te salva el corazón del huracán del tiempo.
Y aprendemos eso tarde.
No soy partidario de idioteces gratuitas, sino de (algunas veces) hacer inteligentes los impulsos con un poco de razón, de conseguir protegerse sin ser coraza, de cuidar lo de fuera sin destruir lo de de dentro. (Aunque luego siempre nos consuman los extremos).
La historia de mediar entre el miedo y la verdad, otro cuento que perdimos entre hojas arrugadas de un libro que nunca quisimos escribir.
Nos joden las letras que forman "imposible" y hablamos de excepciones y de milagros como quienes poseen una fe incurable. Agarrarse a la épica cuando los quizás duelen demasiado y apurar el descuento buscando el gol del éxtasis.
Por eso después de millones de susurros contra una pared, creo que es mejor cruzar la línea de lo irrealizable, dejar de rezarle a los improbables,cogerse a la mala suerte.
Porque tres minutos de valor absurdo con consecuencias nefastas son tal vez el mejor patrimonio de mi orgullo. Y porque a veces el agua helada te regala la risa y el caos y el silencio. Vale la pena arriesgar la dignidad de vez en cuando. Curiosamente se cura sola, y cuida sus heridas mejor que algunas personas. Las convierte en medallas que certifican el valor de nuestras derrotas.
De un momento de locura se pueden vivir varios años. Pero una vida de aguas apagadas y tranquilas no te salva el corazón del huracán del tiempo.
Y aprendemos eso tarde.
No soy partidario de idioteces gratuitas, sino de (algunas veces) hacer inteligentes los impulsos con un poco de razón, de conseguir protegerse sin ser coraza, de cuidar lo de fuera sin destruir lo de de dentro. (Aunque luego siempre nos consuman los extremos).
La historia de mediar entre el miedo y la verdad, otro cuento que perdimos entre hojas arrugadas de un libro que nunca quisimos escribir.
jueves, 21 de mayo de 2015
A mí me duelen muchas cosas
Ya deberías saber que las personas son más de lo que callan, que a veces les duele más un "te necesito" a destiempo, que un "esto ya no es posible, hasta nunca". El adiós es solamente una soledad pasajera, pero que ojalá nos durara lo que dura un atardecer en darse cuenta que él también está muriendo al final del día. Que vos morís también, que te cansás de tanto estar forzando la sonrisa a la gente para no dar explicaciones sobre tu vida, o sobre por qué hacés las cosas de esa manera.
Te setás en medio de la carretera, das un suspiro, mirás con qué velocidad el tiempo se acerca a vos y que está a punto de mandarte al hospital, o de matarte en el instante.
Y te quedás quieto, esperando el choque contra vos.
A mí también me duelen muchas cosas, y tengo que ocultarlas. O escribirlas. Y es triste, porque uno tiende a callar lo que le carcome por dentro, en lugar de sacarlo y que sufra las consecuencias quien tenga que sufrirlas. A estas alturas me da más vértigo ver hasta dónde alguien puede llegar con su orgullo, que ver al vacío desde un rascacielos. Hay taxis que pasan solamente una vez por la vida, y vos tenés que tomar las decisiones más importantes en una fracción de segundo. Un "sí" o un "no" dicho demasiado tarde podría cambiar el rumbo de tu vida hacia una dirección lamentable. Algo así son las oportunidades. Tenés que coger los trenes próximos, no esperar a alguien que no perdería los suyos por vos.
Yo también tengo esa clase de días: de no querer salir de casa, de quedarme en cama todo el día viendo televisión, de no desenrollar las cortinas, de no querer que ni siquiera el sol entre a mi habitación ni ver de qué color está pintado el cielo, de llorar todas las palabras que ya caducaron. Yo también, yo también tengo esos días.
domingo, 3 de mayo de 2015
►Omisión, por qué no hablamos de eso?
OMISIÓN: Una palabra que da muchas vueltas en mi cabeza desde meses atrás, porque cada vez es mas obvio el pecado que cometemos, es el más común, y el que nadie admite.
La defino como "el bien que podemos hacer y no hacemos"; y ahí tal vez el más grande pecado que cometemos, quedándonos de brazos cruzados. Justificamos nuestra indiferencia diciendo "eso no tiene que ver conmigo", "yo no tengo la culpa" y otras frases de cajón, que adormecen la conciencia ante aquello que pudiéndolo dar, no lo dimos.
La lágrima que vimos rodar en el rostro de quien camina a nuestro lado y por no querernos involucrar, no la secamos... El papel que tirado en el piso, no lo recogimos; porque fue otro quien lo tiró, nosotros no lo hicimos...
El pedazo de pan que no compartimos, porque nadie nos lo regaló, de nuestro propio esfuerzo lo obtuvimos... El no querer TRABAJAR un minuto más, porque el contrato dice el tiempo exacto con el cual nos comprometimos...
La riña que no quisimos evitar, para no meternos en problemas que no son míos, la herida que no quisimos curar, porque no fuimos nosotros quiénes la hicimos...
La palabra de aliento que nunca regalamos, a quien encontramos afligido; por temor o por cualquier cosa que justifique ese bien que pudiéndolo hacer, omitimos...
El tiempo que negamos para escuchar a alguien que necesitaba hablar; diciendo que no hay tiempo que perder, aún hay mucho por hacer y TRABAJAR...
La limosna que no ofrecimos, porque no queremos contribuir a la mendicidad y ociosidad; la mano que no estrechamos para que otros no piensen mal y no sentirnos juzgados...
La respuesta igual de desagravio que al que nos hirió le dimos; porque si callamos y no nos vengamos, creerán que somos idiotas y pueden siempre herirnos y pisotearnos...
La sonrisa que no regalamos a aquel que encontramos en el camino, porque no tiene nada que ver conmigo...
La oración que no elevamos por el que nadie oró, el perdón que no ofrecimos, la carta que alguien esperó y nunca escribimos; la visita a ese enfermo que solo quedó en el olvido, tanto pero tanto bien, que pudiéndolo hacer, por mil excusas que inventamos para justificarnos, no lo hicimos...
Esa es la rutina en la que a diario vivimos, ese es el camino que se nos presenta cada día pero que no elegimos; porque nos dejamos llevar por lo que dicen y hacen los demás; pensamos en el bien propio e ignoramos lo que siente, piensa y necesita el resto de la humanidad...
Vivimos creyendo que con hacer lo que nos toca o evitar realizar algún mal, nos hemos ganado el cielo, y ya somos buenos... No nos damos cuenta que estamos haciendo lo que no nos cuesta, somos igual que los demás; es más valioso marcar la diferencia, si nos esforzamos un poco más en regalar amor al que lo ha de necesitar; eso es lo que nos hace semejantes a Dios; quien para salvar la humanidad, hizo realidad el amor, y no se conformó con sanar y predicar; sino que inventó una nueva definición del amor, algo que le da su inigualable valor, y es ser capaz de amar tan al extremo que la vida dar por amor... y no sólo lo dijo, sino que así lo vivió, porque por amor, su vida en la cruz entregó...
Aún estamos a tiempo, hay mucho bien que sin darnos cuenta, podemos realizar...
La defino como "el bien que podemos hacer y no hacemos"; y ahí tal vez el más grande pecado que cometemos, quedándonos de brazos cruzados. Justificamos nuestra indiferencia diciendo "eso no tiene que ver conmigo", "yo no tengo la culpa" y otras frases de cajón, que adormecen la conciencia ante aquello que pudiéndolo dar, no lo dimos.
La lágrima que vimos rodar en el rostro de quien camina a nuestro lado y por no querernos involucrar, no la secamos... El papel que tirado en el piso, no lo recogimos; porque fue otro quien lo tiró, nosotros no lo hicimos...
El pedazo de pan que no compartimos, porque nadie nos lo regaló, de nuestro propio esfuerzo lo obtuvimos... El no querer TRABAJAR un minuto más, porque el contrato dice el tiempo exacto con el cual nos comprometimos...
La riña que no quisimos evitar, para no meternos en problemas que no son míos, la herida que no quisimos curar, porque no fuimos nosotros quiénes la hicimos...
La palabra de aliento que nunca regalamos, a quien encontramos afligido; por temor o por cualquier cosa que justifique ese bien que pudiéndolo hacer, omitimos...
El tiempo que negamos para escuchar a alguien que necesitaba hablar; diciendo que no hay tiempo que perder, aún hay mucho por hacer y TRABAJAR...
La limosna que no ofrecimos, porque no queremos contribuir a la mendicidad y ociosidad; la mano que no estrechamos para que otros no piensen mal y no sentirnos juzgados...
La respuesta igual de desagravio que al que nos hirió le dimos; porque si callamos y no nos vengamos, creerán que somos idiotas y pueden siempre herirnos y pisotearnos...
La sonrisa que no regalamos a aquel que encontramos en el camino, porque no tiene nada que ver conmigo...
La oración que no elevamos por el que nadie oró, el perdón que no ofrecimos, la carta que alguien esperó y nunca escribimos; la visita a ese enfermo que solo quedó en el olvido, tanto pero tanto bien, que pudiéndolo hacer, por mil excusas que inventamos para justificarnos, no lo hicimos...
Esa es la rutina en la que a diario vivimos, ese es el camino que se nos presenta cada día pero que no elegimos; porque nos dejamos llevar por lo que dicen y hacen los demás; pensamos en el bien propio e ignoramos lo que siente, piensa y necesita el resto de la humanidad...
Vivimos creyendo que con hacer lo que nos toca o evitar realizar algún mal, nos hemos ganado el cielo, y ya somos buenos... No nos damos cuenta que estamos haciendo lo que no nos cuesta, somos igual que los demás; es más valioso marcar la diferencia, si nos esforzamos un poco más en regalar amor al que lo ha de necesitar; eso es lo que nos hace semejantes a Dios; quien para salvar la humanidad, hizo realidad el amor, y no se conformó con sanar y predicar; sino que inventó una nueva definición del amor, algo que le da su inigualable valor, y es ser capaz de amar tan al extremo que la vida dar por amor... y no sólo lo dijo, sino que así lo vivió, porque por amor, su vida en la cruz entregó...
Aún estamos a tiempo, hay mucho bien que sin darnos cuenta, podemos realizar...
sábado, 28 de febrero de 2015
El placer de lo simple es..
El olor a ropa
recién lavada,
su frescura.
Una gota de lluvia
cayendo en la mejilla.
Darte la mano,
estrecharte en un abrazo.
Estremecerse con una
mirada,
acariciar una sonrisa.
Caminar juntos,
unidos por el corazón.
Es el placer de lo simple...
Posar la mano en el aire
y sentir su brisa.
Besar el sol,
dejarse mecer
por las olas de la mar.
Llenar un cubo
con palabras bonitas
y lanzarlas al mundo.
Reír sin parar,
llorar de felicidad.
Leer...leerte.
Escribir...escribirte.
Pasar los dedos
por tus paginas,
ver caer la hoja
del árbol.
Sentir una respiración.
El placer de lo simple es...
Latir con la vida.
viernes, 13 de febrero de 2015
Vida es..
Un día alguien me preguntó que qué era la vida. No tuve una respuesta en ese momento. Yendo a mi casa, traté de encontrarle varias respuestas a la misma pregunta. No puedo hablar en general, porque cada persona tiene un concepto en sí sobre lo que es la vida, esto varía de lo que ha vivido y de las experiencias que ha tenido.
Unos pensarán que la vida es nacer, crecer, estudiar, entrar a la universidad, conseguir un buen trabajo, casarse, tener hijos y morir de la mejor manera. Otros dirán que es comer, ir al baño, dormir, sobrevivir de una manera digna y finalmente morir. Están los que seguirán la teoría de la humanidad: nacer, reproducirse y morir.
Para mí la vida no tiene un concepto en sí. La vida es una oportunidad para experimentar una serie de eventos, lo importante aquí son las personas que conocemos en el camino, aquí no importa el final de la vida, sino el camino que estamos caminando. Si miramos hacia atrás nos daremos cuenta de lo mucho que hemos avanzado, pero si miramos hacia adelante nos daremos cuenta de lo poco que nos queda por vivir. Lo que importa es lo que hemos recorrido, a quien hemos conocido, las elecciones que hemos tomado (sin importar si fueron buenas o malas), aquí se trata de aprender de lo poco que vivimos.
La vida es la mejor escuela, te enseña a través de los peores momentos, en donde aleja a todos para demostrarte a ti mismo de cuán eres capaz de sobrepasar una situación de esa magnitud. Y sin importar cuán alto estés, ella te empuja intencionalmente sólo para ver si te levantas o si te quedas tirado.
La vida es una lección, se trata de ir aprendiendo de cada situación. No te olvidés de dejar las mejores cicatrices en aquellas personas que se van quedando en el camino, porque tu recuerdo dependerá de cuánto las hayás marcado (aseguráte de no dejar cicatrices dolorosas, aseguráte de ser una de esas cicatrices que te gusta quitar la costra, sólo para que sangren de nuevo y sentirlas otra vez). De eso se trata, de ir dejando las mejores cicatrices en las personas correctas. Que llegará el día en que mirarás hacia atrás y verás una larga fila detrás de ti, será tu historia. Trata de que sea la mejor posible.
Y por más que tratés de quitar a alguien de tu vida, no podrás, porque una vez que alguien haya entrado en tu vida, ya no podrá salir de ella, aunque se vaya. ¿Cuántas veces te ha pasado que querés olvidar a alguien y no podés? ¿Ves a lo que me refiero? Las personas no se van del todo de tu vida, se quedan para siempre, acompañándote en formato recuerdo.
La vida es el cortometraje más largo, de nosotros depende ponerle música de fondo a los momentos. Hay drama, dolor, soledad, alegría, muertes, nacimientos, angustias, problemas, éxito, fracaso, lágrimas, sonrisas, caídas, tropiezos, procedimientos que nos llevan a un resultado, resultados que se ven conforme a lo que hacemos, hacemos lo que amamos, amamos lo que queremos, queremos lo que deseamos, deseamos lo que anhelamos, anhelamos lo que un día soñamos y soñamos porque la vida es mejor así, porque la vida es un sueño de alguien más.
En la vida hay que cometer los mejores errores y las mejores locuras, al final eso es lo que te hará reír de viejo. Y es lo único que nos llevaremos de este mundo: cómo nos hicieron sentir las personas. La vida es nuestra película y la veremos completa el día que fallezcamos.
Tal vez la vida no sea una máquina de cumplir deseos, pero sí una oportunidad para alcanzar nuestros sueños. No se trata de superar a alguien, sino de llegar más alto que nuestras expectativas. Lastimosamente los soñadores están en peligro de extinción, cada vez son menos las personas que sueñan y creen que sus sueños se harán realidad, son pocas las que aún creen en las estrellas fugaces. La excusa que más he escuchado es “La vida mató mis sueños”, pero en realidad, la vida los mató a través de ellos. Porque nosotros tenemos en nuestras manos el poder para hacerlo.
La vida es un sentimiento abstracto: puedes tocarlo, vivirlo, sentirlo, gozarlo.
La vida es uno de esos regalos inexplicables, que les das vuelta, y vuelta, y no le encuentras un sentido, pero un día se lo encuentras.
Hoy es cuando...
Yo sólo sé que no quiero comprender las cosas que tienen por objetivo quitarme la sonrisa, sé que no quiero privarme del placer de ser feliz ignorando lo que me hace daño. Ignorando a los que se han autodenominado mis enemigos, no, no quiero nada de eso. Quiero sentirme libre como un pájaro en pleno verano, con esa agilidad para volar entre las nubes y dormir en su nido entre las ramas de los árboles.
Quiero tranquilidad interior más que la exterior: estar bien con uno mismo es mejor que estar mejor bien con los demás. Quiero emprender el vuelo por encima de mis miedos, mirarlo todo desde allí y darme cuenta cuán pequeños se ven los problemas desde las alturas. Y luego saltar sin esperar a que alguien se encuentre abajo esperándome, porque he decidido desde hoy ser feliz, no con o por alguien, sino con y por mí.
Quiero mirarme en un espejo y ver frente a mí un mundo lleno de oscuridad, pero que también tiene estrellas y una luna llena que iluminan sus valles. Hoy vuelvo a nacer, perdonaré para ser alguien libre, dejaré los pensamientos a un lado y me llevaré lo que hace brillar mi estrella, mi estrella favorita. Escalaré la montaña que me dijeron que no podía y cuando esté en la cima los saludaré y les sonreiré.
Aprenderé a no preocuparme mucho por las cosas que no tienen remedio, ni por mi corazón roto, porque sé que en el preciso instante en el que le doy la entrada a mi vida a alguien, también le estoy dando el poder para hacerme pedazos después. O cuando se vaya. Un día aprendí que así como la comida tienen fecha de vencimiento, también la parte de la gente caduca en la historia de los demás.
Nada dura para siempre, ni el rencor, ni el remordimiento, ni las ganas, ni el eterno adiós nunca dicho. Aprenderé a dejar ir. Daré tiempo al tiempo y dejaré que él haga su trabajo, dejar que con los años el dolor de las heridas se vaya agudizando. Las personas dolerán lo que tengan que doler para luego convertirse en una gran lección de vida. Así como soy bueno declarándome la guerra, también soy bueno firmando los acuerdos de paz. Hoy me doy la mano a mí mismo.
Quiero tranquilidad interior más que la exterior: estar bien con uno mismo es mejor que estar mejor bien con los demás. Quiero emprender el vuelo por encima de mis miedos, mirarlo todo desde allí y darme cuenta cuán pequeños se ven los problemas desde las alturas. Y luego saltar sin esperar a que alguien se encuentre abajo esperándome, porque he decidido desde hoy ser feliz, no con o por alguien, sino con y por mí.
Quiero mirarme en un espejo y ver frente a mí un mundo lleno de oscuridad, pero que también tiene estrellas y una luna llena que iluminan sus valles. Hoy vuelvo a nacer, perdonaré para ser alguien libre, dejaré los pensamientos a un lado y me llevaré lo que hace brillar mi estrella, mi estrella favorita. Escalaré la montaña que me dijeron que no podía y cuando esté en la cima los saludaré y les sonreiré.
Aprenderé a no preocuparme mucho por las cosas que no tienen remedio, ni por mi corazón roto, porque sé que en el preciso instante en el que le doy la entrada a mi vida a alguien, también le estoy dando el poder para hacerme pedazos después. O cuando se vaya. Un día aprendí que así como la comida tienen fecha de vencimiento, también la parte de la gente caduca en la historia de los demás.
Nada dura para siempre, ni el rencor, ni el remordimiento, ni las ganas, ni el eterno adiós nunca dicho. Aprenderé a dejar ir. Daré tiempo al tiempo y dejaré que él haga su trabajo, dejar que con los años el dolor de las heridas se vaya agudizando. Las personas dolerán lo que tengan que doler para luego convertirse en una gran lección de vida. Así como soy bueno declarándome la guerra, también soy bueno firmando los acuerdos de paz. Hoy me doy la mano a mí mismo.
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