lunes, 23 de marzo de 2020

Se animó

Por primera vez en su vida estaba abriéndose al otro.
 Ese día se sintió agotado, agobiado y por qué no lastimado.
 Nunca quiso mostrarse débil frente a nadie. 
Pero ese día no pudo. 
Explotó en llanto. 
El joven muy lentamente le decía “no puedo más”, mientras él le acariciaba el pelo y le decía que se quedara tranquilo, que no está solo y que la vida es así de profunda cuando quiere.
 No importa. 
Lo que importa es que él por primera vez se dejó caer en otras manos. 
Había traspasado su propia piel para unirse a otra. 
Sin darse cuenta, se estaba desnudando por dentro para dejarse poblar por él.

Distancia somos todos

¿Se puede sostener una mano a mil kilómetros de distancia?
Todo depende de la mano, de la fuerza, de las ganas, del apego, del viento y las ventanas.
De ver la fotografía correcta.
De entender las nubes cuando pasan.
De ver llover y creer que la tormenta besa.
De sonreírle al espejo, con brillos nuevos.
Nos han mentido, nos dijeron que no se podía querer de lejos.
Y se equivocaron, porque todos llevamos distancia dentro, y la sacamos cuando menos lo esperamos.
Y le hablamos, y le respondemos cuando pregunta.
Y la besamos.
Como tranquilizándola un poco, y diciéndole: Tan lejos no estamos.
Y se siente bien. Ya no quema, ya no duele, ya no rompe.
Solo es silencio.
Y una llamada, un mensaje, un audio, un todo.
Y listo. Somos reales, de verdad, queremos.
Y nos hacemos sentir.
Simplemente, porque todos, somos distancia

La gente no quiere a los tristes

La gente triste no le atrae a nadie
—¿Qué es a lo que más le temés? –le pregunta el psicólogo.
—A que me pregunten cómo estoy –dice tímidamente intentando vocalizar para que se le entienda.
—¿Por qué? –dice el psicólogo intentando obtener una respuesta más elaborada por parte de su paciente.
—Porque siento que decepciono a la gente cuando respondo que estoy mal. Sus grandes expectativas hacia mis respuestas hacen que me vean como alguien anormal por no ser la persona feliz que necesitan en sus vidas. Supongo que a nadie le gustan las personas tristes.
—Tenés que entender que no nos educan para saber sobrellevar nuestras emociones, muchas veces incluso no estamos preparados para gestionar una felicidad inmensa. Con la tristeza viene a ser lo mismo, la gente no sabe cómo enfrentarse a tu malestar continuo. Aunque todo eso no significa que seás anormal, las emociones siempre han sido muy complejas, poco a poco sabrás cómo convivir con ellas – dice intentando darle esperanza.
—Quiero poder decir que estoy bien, en serio que lo quiero. Pero no quiero que sea mentira como la mayoría de las veces que lo digo – por un momento siente que va a romper a llorar e intenta evitar la mirada de su psicólogo.
—Lo lograrás, sin embargo, tenés que tener paciencia, al igual que cuando te rompés el tobillo y necesitás reposo para volver a caminar y luego correr, tu mente también lo pide a gritos. El camino será largo, pero juntos lo lograremos, al menos has sido capaz de reconocer que necesitás ayuda y eso es un comienzo.
—¿Y si no consigo estar bien? –dice con voz temblorosa.
—Te ayudaré a intentarlo hasta que lo consigás. Siempre y cuando me prometás que no te vas a dar por vencido con vos mismo –por un momento siente miedo a la respuesta de su paciente.
—Lo prometo—dice mirando por fin a los ojos a su psicólogo dejando caer las lágrimas que tenía retenidas.

Amor, no ideología

Puedo ser aún sin estar, pero no me atrevo a quedarme en ningún sitio sin hacerme sentir.
Porque la cercanía cuando es rutina, cuando besas de memoria, pero como aquellos viejos poemas que te hacían recitar en la escuela. Así, no se vale.
El amor es algo más. Muchas cosas. Menos eso en lo que lo han convertido. Y quizás todos somos los culpables. Por idealizarlo, o por no entenderlo. Lo único cierto es que el amor es otra cosa. El amor es quedarse bien, hacerse sentir. Abrazar sin abrir los ojos y con puños apretados.
El amor somos nosotros diciendo cosas bonitas, que abarquen a dos y no a uno solo. El amor es extrañar desinteresadamente.
El amor es esa distancia que te arropa por las noches. Aunque solo veás una pequeña pantalla.
El amor es la paciencia con la que cada día, vas acercándote. Y no esos clichés tan gastados. Y ya sé que puede ser muchas cosas más. Pero, sobre todo, es entender que se puede ser sin estar. Pero no se puede al revés. ¿me entendiste?

Arena Movediza

Hoy me han vuelto a recordar de qué se trata esta cosa tan absurda del amor y los sentimientos.
Partamos que hablo del amor de mi vida, de una relación de varios años que me dejó tocado por más costados de los que tengo. Partamos de una conversación que nunca debió producirse. No al menos un viernes a las cuatro de la tarde cuando yo aún estaba mudando la piel de la historia que tuvimos. No al menos mientras pedía a gritos que alguien me jalara y me sacara de aquel montón de mierda en el que me metí yo solito.
Un abrazo. Necesito un abrazo. No puedo esperar más. Un abrazo ahora.
Me gustaría también un beso, de quien estuviera dispuesto a poner en el tercer botón el abanico para despejar toda mi niebla. La que él trajo, yo venía despejado de fábrica. Estoy poniendo en mute a mi piel, que parece no cansarse de pedir auxilio a cualquier desconocido que se acerca unos centímetros más de la cuenta.
Respirá. Nadie va a calmarte hoy. Recordé que de vez en cuando, alguien necesita romper nuestra frialdad introduciendo sus manos en el fondo de nuestro pecho. Apretando el corazón entre sus manos. Hacernos recordar que el dolor insoportable es el mejor signo de que estamos vivos. Dejar el corazón parado, en descanso. Hasta que otras manos vuelvan a sostenerlo, pero esta vez, para reanimarlo.
 Dicen que los pasos en falso a veces conducen hacia los mejores destinos, pero no fue nuestro caso.

Cielo estrellado



Creo que de vez en cuando debemos mirar al pasado, y ver lo rápido que cambia todo. Mirar al pasado nos ayuda a entender que en el fondo lo malo tiene su parte buena, que cuando el mundo se derrumba, empieza a construirse uno mejor.
Mirando al pasado te das cuenta que la felicidad son momentos fugaces, que si querés verlos debés tener las ganas y el valor de levantar la cabeza.
Mirando al pasado te das cuenta que cuesta lo mismo ser negativo que positivo, pero que pudiendo elegir, no seas un valeverguista.
Mirando al pasado te das cuenta que perdemos demasiado tiempo en personas, que son solo pasado, y que dejamos de lado a las personas que son presente y que quieren ser futuro.
Mirando al pasado, valorás el presente, y te das cuenta que lo único que importa son esos momentos de felicidad fugaz, así que levantá la cabeza, que hoy en la noche el cielo está estrellado.

Escapar

Escapar 
Vivía junto a mí en una cueva muy pequeñita. Aunque no éramos pequeños, ni nos gustaban las cuevas, pero nos habíamos hecho creer que era lo que nos correspondía.
Cada vez nos costaba más encajar en aquel diminuto espacio que teníamos destinado, los cuerpos se nos engarrotaban y las piernas nos pedían caminar. Algo en el interior susurraba palabras de libertad, hasta que esos susurros se convirtieron en gritos, y una luz se encendió en nuestros ojos.
Una mañana, cansados de encogernos, salimos de la cueva, nos estiramos mucho, como si quisiéramos tocar con los dedos el sol, y salimos a buscar lo que merecíamos.