Por primera vez en su vida estaba abriéndose al otro.
Ese día se sintió agotado, agobiado y por qué no lastimado.
Nunca quiso mostrarse débil frente a nadie.
Pero ese día no pudo.
Explotó en llanto.
El joven muy lentamente le decía “no puedo más”, mientras él le acariciaba el pelo y le decía que se quedara tranquilo, que no está solo y que la vida es así de profunda cuando quiere.
No importa.
Lo que importa es que él por primera vez se dejó caer en otras manos.
Había traspasado su propia piel para unirse a otra.
Sin darse cuenta, se estaba desnudando por dentro para dejarse poblar por él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario