jueves, 28 de julio de 2016

Impares

Quiero que me conozcás y que no te vayás al ver que traigo un incendio debajo de la ropa, y que por mucho tiempo que pase, no habrá ninguna lluvia que apague toda esta utopía. Te invito a una noche donde vos y yo seremos a quienes las estrellas pidan sus deseos y que no te sorprenda que muchas de ellas pidan lo mismo: que te quedés sólo por esta noche. Y que no haya más noches por delante, porque de lo contrario me veré en la obligación de violar toda regla puesta sobre el universo para que no te quemés.

No comprendaás nada, mejor vení a darme un abrazo tan inmenso y tan letal que sea medicina y destrucción a la vez, porque morir en tus brazos ha de ser de lo que me ha venido hablando la vida todo este tiempo,porque no quiero que me soltés, ya que lo que yo quiero es prenderle fuego a tus miedos y congelar el tiempo cuando estoy con vos.

Les señalo tu boca siempre que me preguntan que si alguna vez he tocado el cielo, porque para mí vos sos mi infinito, sos la galaxia aún no descubierta y que tanto busca encontrar la NASA y la isla que el mar no quiere enseñarle a nadie. Y es que sin vos el año sólo tendría días, sin estaciones, ni risas, ni miradas bonitas ni nada de eso. Vos sos la razón, el motivo y la circunstancia que me empujó a hacer todo esto y a ser este desastre. Sos ese magnetismo que atrae a los polos opuestos. 

No más días tristes, pido más días grises a tu lado. Más canciones que nos hagan no querer irnos nunca, y menos estaciones que van de prisa con un único propósito: que se termine el invierno. La verdad es que siempre le he tenido miedo a los días impares, porque me recuerdan que a veces toca que andar solo por la vida y mirá que de eso sé mucho. Pero un día venís a mí y me hacés dudar hasta de mi existencia, me hacés no querer morir nunca cuando antes de vos la soga era mi único aliado, me hacés darme cuanta de qué puente quemar porque separa y cuál cruzar para llegar a mi meta, que siempre has sido vos.

Aparecés de la nada y te convertís en indispensable de un día para otro. Yo no creía en las casualidades antes de vos, hoy comienzo a creer que aquel tropiezo en realidad no fue un accidente, fue la más bonita de mis casualidades.

Es indiscutible debatir sobre lo que ya se sabe: has venido para quedarte, porque cuando has conocido a más gente que viene para irse, sabés cuando alguien ha venido para hacerte sonreír mucho, pero mucho y por mucho.

No sé qué te has creído vos, pero por favor no dejés de mirarme de esa forma. Ni siquiera sé qué has traído con tus buenos consejos y esa manera de verme a la cara y decirme picudo, pero por favor no te lo llevés como se lleva la marea las palabras.

Esta vida sólo se vive una vez y yo espero gastarla con vos hasta el último aliento. Tomame a mal, a bien, a medias, a pedazos; pero qereme de la única forma en que se puede querer a alguien: ni a medias, ni a pedazos, sino aceptando al otro tal cual es, con sus imperfecciones, sus desviaciones, sus insoportabilidades y las probabilidades de perderlo algún día. Yo estaré ahí de aquí para siempre. Para vos.

Yo sólo sé que he querido hacer con vos lo que no me atreví con nadie más.

Pelear con gigantes es mi meta por sacarte tan siquiera una media sonrisa, cuando tu mirada la llevés por los suelos y no encontrés más paisaje para reflexionar sobre tus heridas. Sos de esos chavalos que no los cura el tiempo, más bien, el tiempo se cura de ellos.

Retorno

Ajá, sólo vos y yo sabemos lo que duele quedarse viendo cómo el otro se va. 

No sé qué sería de mí si no tuviese estas raíces que me hacen quedarme quieto cuando el mundo tambalea y cuando mis miedos me hacen tiritar fuerte.

 Y me hacen parecer un demente que no sabe si tumbarse al suelo porque se ha rendido o permanecer de pie cuando todas las partes ya se han rendido.

 Yo no he desistido, sigo esperando a que suene mi canción favorita para que los cristales que vos rompiste, bailen como queriendo quedarse sordos y así no oír nunca más lo que tanto prometías. 

Y es que un día me hiciste todo el daño con el mismo tamaño de la sonrisa que me sacaste. Eso es proporcional. Ya lo sé. Lo supe con vos. 

Estrenás desastres cuando estoy a la deriva de mis inseguridades y me hacés querer comerme un mundo que arderá mientras lo mastico y trato de digerirlo. 

Me es fatal y me sabe peor. No sé qué quiero, pero sé que lo quiero contigo. Y eso es lo bonito de cuando conocés a alguien con quien querés hacer hasta lo que aún no existe y hacer turismo en lugares que nadie ha visto sonreír.

 No busco otras alternativas desde que llegaste a mi vida y desde que me hiciste rimar melancolía con querer regresar sólo por un beso. 

No sabés qué lejos estoy desde aquel día e inexplicablemente sigo en el mismo lugar.

lunes, 11 de julio de 2016

Amores!

Y te puedo jurar que nadie te amará como aquel que te ha visto dormir y enloquecer. Porque hay amores pasajeros, pero también hay amores que calan hasta la clavícula y te hacen no querer morirte nunca. Quedate con él, si algún día te llegás a topar con uno, no lo soltés para agarrar a uno fugaz. Su mano será con la que soñarás darle la vuelta al mundo y también la que querrás apretar cuando tengás miedo.

Hay amores que se van para siempre, amores que se van mientras voltean a ver una vez más atrás, amores que te aprietan los huesos y los sentimientos, amores que te ponen a la misma distancia que separa ese alguien a la espada de la pared, porque a veces ese alguien es quien se interpone entre dos que quieren o buscan hacer historia juntos.

Hay un amor que te verá llover y perder tus hojas en otoño. Quedate con él porque, aun no teniendo nada, él verá flores en vos.

Te hará perder la cordura,
el norte,
los mapas
y querrás quemar la salida del laberinto. 
Porque amarás estar enredado, abrazado y al fondo del agujero con él.

Amores que no tienen concepto ni puntos finales,
son la historia que siempre querrás escribir,
una y otra vez,
aunque sepás que en todas ellas 
te hará llorar por haberlo dejado ir.

No es cobarde quien se va,
el cobarde es quien no lo detiene en la ida.

Hay un amor que será tu perdón, se me ha metido arena en el ojo.
Y saldrás corriendo a buscarle
y no lo encontrarás en ninguna parte.
Y la brisa te abrazará,
cerrarás los ojos
e inexplicablemente pensarás que es 
él.
Luego los abrirás
y encontrarás más excusas
que motivos
para quedarte donde estás. 

Y así, poco a poco,
tu memoria lo va borrando,
pero jamás,
leé bien,
jamás se olvidará de cómo te hizo sentir.

Mirarás al cielo mientras pensás que fue ese amor que no sabés cómo te hizo sentir, pero que te ha dejado muchos deseos de compartir la siguiente vida con él para no soltarlo jamás. 

Y sonreirás mientras caminas al alba.

Mary y él


Mary está llorando, sabe que lo ha perdido. Sabe que se ha ido sin rumbo, a un lugar desconocido, donde jamás volverá.

Se acuesta con las esperanzas que se apagan, una a una, como las estrellas.

Se suelta el pelo y se tapa por cinco minutos la cara con sus manos, la lluvia comienza a caerle como una ciudad en ruinas, en la que no hay escapatoria ni victoria para aquel que amó sin ser amado.

La chavala de los ojos tristes que algún día él la hizo estallar en tantos pedazos que fue luz en lo que se convirtió. Aquel silencio que grita es también el que se rompe sin que nadie se de cuenta.

Cuán perdida se siente, su Norte ha decidido empacar y marcharse para siempre.

—No te vayás.
—No ves que me estoy quedando.

Se quedó, no como quería. A un recuerdo es a lo se aferra siempre que las luces se apagan y no queda de otra que hacerle frente a los monstruos de debajo de las ojeras. Tomarle la mano al fantasma que ahora habita donde camina.

—Te extraño.
—Me olvidás.

Al día de hoy se siente como el mar que todo se lleva y que todo lo hunde. Se siente como un naufragio, como aquella trampa en el bosque donde cae el mismo que la puso.

Se siente como un sinsentido.
Se pone rímel,
carmín en los labios
y tristeza en la mirada.

—¿Dónde te has metido, idiota? No ves que te necesito.
—Estoy justo donde no mirás.

jueves, 7 de abril de 2016

IM-POSIBLE

Mirá si a veces no es complicado esto: a veces hay que retroceder para poder avanzar, anclar las raíces a su lugar de origen y dejarlas crecer un poco más.

 Porque más que llegar a algún sitio, lo importante es no dejar de ser uno en el camino, hay tentativas que nos invitan a cambiar y hay situaciones que nos obligan a hacerlo, la diferencia entre ambas es que cuando nos obligan no hay alternativa. Es deber. Como deber nuestro es tratar de ser felices cada día y yo siempre quise verte recién despierto. Cómo el amanecer te desnuda el rostro y tu sonrisa que tan apagada se encuentra a veces.

Hay que remar para delante, rompernos la boca, quebrarnos los huesos, para así poder algún día decir que valió la pena. Que valimos la pena. Que todo ha valido la pena, porque el sudor ni las lágrimas no se derrocharían sin que después se mire la cosecha. Los sueños están al alcance, pero qué imposibles somos nosotros. Y contra eso, es muy difícil lidiar; pero si luchás, lo lográs. Y si lo lográs, en alguna noche verás que tu sonrisa es la nueva luna.

Ve por tu infinito. Que en algún rincón de este inmenso e inmerso mundo te ha de estar esperando. Y una canción espera para que la reproduzcás y te pongás a desgastar los pies, porque el desgaste de vida lo bailás hace tanto que ya has olvidado hasta dónde empezaste a sonar como la canción más triste del mundo.

Eres precioso como todas las canciones tristes. Y las canciones tristes curan, calman el dolor, abrazan la raíz y no el tronco, porque nos conocen tan bien que es la historia de nuestra vida la que dura tres minutos. 

Ojalá un día te escuchés a vos mismo y me creás cuando te digo que eres precioso. Andá, es tu canción la que se reproduce. Es tu momento. Salí. Para a los autos. Y que comencés a sonar diferente a como has sonado toda tu vida. Feliz. Niño. Feliz. Porque es lo que merecés.

meh!

Y me mirás.
Me mirás porque soy un desastre.
Un desastre que no pasa desapercibido por tantos daños.
Y, de pronto, tu sonrisa se adhiere a mis heridas,
en busca de sanación de las mismas,
y ellas no hacen otra cosa que dejarse lamer por la ilusión
y la esperanza otra vez.

Otra vez las cicatrices vuelven a abrirse
sólo para que vos entrés
y le des paso continuo de tu vida en la mía.

A veces pienso que vivir es muy parecido a un ascensor,
vas ascendiendo o descendiendo.
Y mientras tanto,
te limitás a mirar,
a quedarte en silencio,
a ver al otro de reojo,
a esperar mientras llegás,
a precipitarte,
a tener vértigo.

A veces me siento como esa canción olvidada,
como los restos del dolor convertidos en arte, 
como ese libro que jamás llegarás a leer 
porque nadie te lo recomienda.

Ya vos decidís que es porque no es bueno 
o porque no quiere compartirlo con vos. 

En más de alguna línea ajena he visto arder mi infierno,
no sabés lo bonito que llega a ser leerte a vos mismo
en el fuego de otro. 
Bonito o terrible. 

A veces me siento el blanco perfecto 
de una bala que no busca herirme, 
pero que consigue hacerme un hueco
donde cualquiera puede entrar y salir
cuando

donde quiera.

Ya sabrás vos de las causas perdidas,
de las mariposas muertas en el estómago, 
de la última esperanza que envejece mientras espera
algo que la mente le grita: "vamos por eso,
jamás llegará de esta forma".

Algunas bocas brillan mientras sonríen,
mientras besan, 
o mientras callan. 

Y comprender que sonreír, besar y callar
es la mejor forma de dar a por culo a la vida.

viernes, 25 de marzo de 2016

Y por qué Vos?

Porque con vos aprendí a ser fuerte, a no dejarme en la primera, sino ir por mucho más, porque merezco más que los restos de lo que otros han dejado en el camino. Me enseñaste que no debo conformarme sino reformarme cada que tengo la oportunidad de hacerlo, de izar mi bandera aunque el día se manifieste triste y opaco. 

Porque con vos supe lo que era amor, no de ese de palabras y jugueteos, sino de aquel intenso y letal; porque, decías, el amor para ser bueno tiene que tener dos caras totalmente opuestas, porque se hace una idea errónea desde el momento en el que nos interesa saber más los conceptos que sentir en carne propia los sentimientos. Si hay que amar, hay que amar en las buenas y en las malas, quiero decir, es necesario aceptar tal cual el otro es, porque nadie es santo ni demonio.

Porque con vos hablé por primera vez de las cosas que me dolían y nadie, absolutamente nadie, descifraba lo que mi mirada gritaba a los atardeceres, porque siempre fui, como te dije desde un principio, el maje que cuando encuentra algo con lo que se identifica: va, lo abraza y lo rompe. Bueno, nos rompemos. 

Porque con vos todo lo extraordinario me pareció tan normal que me dio tanto miedo ir a por ello, porque me hiciste ver las esencia de las pequeñas cosas, de lo importante que es saber que en el mundo no se van a encontrar dos personas iguales, porque cada uno de nosotros tenemos algo que nos hace únicos. Y al hacernos únicos nos hace perfectos para alguien que busca refugio.

Porque con vos sentí a flor de piel lo que era tener un corazón roto y no un corazón grietado. Siempre había pensado que lo tenía tan roto que era prácticamente imposible volverlo a amar, porque ciertas partes, pensaba, se las habían llevado hace mucho. Y no, en realidad, estaba con tantas grietas por las cuales cualquiera podía colarse o huir. Y a mí siempre me aterrorizó más la idea de tener un corazón grietado, porque es aquel que se resiste a romperse, que llega un punto en el que se rompe con toda la brutalidad inexistente. 

Porque con vos empecé a desnudarme tal cual era, sin miedo, ni inseguridades, ni siquiera ya el pasado me veía como si tratase de impedir que construyera algo bonito donde me encontraba.

Porque con vos las fotografías pasaron a segundo plano y desde entonces, cuando estoy con vos, pierdo la noción del tiempo. Me olvido de lo que un día ardió en mi piel, de lo que grietó el corazón, de lo que hizo que fuera la persona que soy. No es fácil decir ni enorgullecerse por ello, pero vos me enseñaste que debo de levantar la cabeza siempre que hablo del que un día fui, porque, al final y al cabo, es lo que forjó para que ya no siguiera haciendo las cosas de la misma forma, a tratar igual a como me tratan, a no dejar mis ojeras en las noches equivocadas ni mi vida en los lugares donde sólo se habla de soledad.

Porque con vos el cero empezó a tener valor. Y mirá que eso va contra todas las reglas matemáticas. Y es que me niego a contarle a los demás de la vez en que me hiciste violar las leyes del universo.

viernes, 18 de marzo de 2016

Brotar



Mi mama me enseñó que, aunque tenga dolor, debo prestarle más atención a lo que sucede a mi alrededor. Porque el dolor seguirá ahí, por algunos días, y esos días podrían convertirse en meses, sino es que en años. Pero lo que sucede a tu alrededor no podría sucederte nunca más en la vida. Y por eso es que a veces llego a la conclusión: sobre el sufrimiento uno no puede decir en él, sin embargo, lo que te sucede te elige a vos, como principal espectador. Para que lo disfrutés, para que te riás con ello y no de ello, porque hay un mundo de diferencia.

Siempre he pensado que ciertas cosas, como la risa, son mejores compartidas. Y qué bonito es encontrar a alguien quien nos haga reír, aunque no esté, porque hay con quienes se crea una conexión tan grande, con tanto magnetismo que, cuando no se tienen el uno para el otro para un abrazo, se siente cierta electricidad en el aire que te electrocuta. Te sacude el cuerpo, incluso los pensamientos -te los alborota y te despierta algún sentimiento adormecido-. Y pensás rápidamente en él. En ese alguien.

A veces tener a alguien para compartir un poquito más que los insomnios, es el regalo más grande que te puede ofrecer la vida. Y hay que verlo en el momento, porque, así como hay personas que sólo pasan una vez en la vida, también hay historias que solamente se escriben una vez. Y a veces es el demasiado tarde quien la escribe por nosotros. A veces somos tan ciegos que hasta me duele la idea de no ver lo que ha dejado de ser invisible para que lo veamos con toda y su belleza.


Siempre nos quedará, dentro de algunos años, la oportunidad de releer de nuevo el libro y ver en qué fallamos, pero hay que hacer hasta lo que no se debería por no arrancarle una lágrima a quien ha florecido en nuestro lugar. Y muchas veces donde estamos parados no es un buen lugar donde alguien quisiera germinar.