miércoles, 27 de mayo de 2020

Dejame enanorarme

Dejame enamorarme de vos como si nunca lo hubiera hecho antes. Con el corazón en las manos y el cerebro guardado en un cajón. Que ya estoy a punto, porque de pronto noto el cosquilleo previo al primer “te quiero”, pero entonces miro hacia otro lugar hasta que se me pasa.
Dejame enamorarme que yo ya estoy preparado. Que no me queda más que el último empujón para lanzarme a tu piscina. Pero cuando estoy al borde, a escasos milímetros de sentirlo, se me corta la digestión. Porque te volvés frío, y ya no me escribís mensajes bonitos, y sacás el cinismo a pasear. Y entonces yo me prometo que, si vos no me dejás enamorarme, no seré yo el que dé un paso en falso. Porque mis muros ahora son peldaños, pero en los tuyos todavía tiembla algún ladrillo. Y yo siempre he sido de mucho tropezar.
Dejame enamorarme, que los dos saldremos ganando. Porque yo cuando me enamoro es como si bailo sin música y se me encienden las mejillas y la risa suena mejor. Yo cuando me enamoro es como si ando sin tocar el suelo y se me despierta la piel y mis besos saben mejor.
Yo, cuando me enamoro, me vuelvo mucho más bonito. Así que, aún estamos a tiempo; desarmá tu armadura y dejame enamorarme, que en el fondo vos también sabés que no será un error.

sábado, 16 de mayo de 2020

Instagram

Estalló de risa. Contra todo pronóstico, aquella cita estaba siendo un éxito. No era la primera vez que utilizaba una aplicación para conocer gente y, la verdad, estaba sorprendido. Había dado con el chavalo perfecto. Atractivo, gracioso, inteligente… Hasta le contó los planes que tenía. Cuando sintió que era el momento, le comentó que era soltero, joven, humilde y con muchos sueños y anhelos. Le había ido mal en el amor anteriormente, igual que a todos. Su expresión cambió, se volvió más serio y dejó de hacer bromas. Continuaron chateando, pero la conversación se había enfriado. Cuando terminaron, se despidieron y cada uno se fue por su lado. Minutos después, recibió una notificación. Se ilusionó. ¿Sería él? Nada, era la aplicación. Había subido una nueva foto y no se acordaba. En ese momento se dio cuenta de que Instagram no era lo que creía. La tecnología siempre le jugaba malas pasadas. Pero siguió adelante, siguió subiendo fotos, porque le gustaba sentirse bonito y le gustaba ver a sus amigos y conocidos siendo felices en esa aplicación, a pesar de ser una red con contenido muy curado, es hermoso ver a la gente siendo felices, haciendo viajes o siendo divertidos con sus hijos, sus logros, sus comidas. Pero sigue en las redes, porque no tiene otra manera de conocer gente porque no sale a bares ni discos el solo, porque se cuida mucho, esperando que un día al final alguien decida decirle, vení vamos a pasear a la playa o te invito a un café, y así empezar. Y seguramente en Instagram darle seguimiento a una nueva historia.

viernes, 15 de mayo de 2020

Sólo un café, por favor

Lo encontró como se encuentran todas las cosas buenas de la vida, por casualidad, cuando menos lo esperás.
– Un café. Sólo – y al escucharse a él mismo, se prendió la luz. Los buenos regalos, los mejores momentos, las personas importantes y las mejores ideas suelen llegar así, sin avisar.
Al fondo de la taza de aquel café, en aquella cafetería a dos cuadras de su casa, a punto de caminar de vuelta hacia una casa donde había alguien que todos los días se afanaba en demostrarle que no lo quería teniéndolo cerca, pero lejos de quién aun amándolo mucho, no quería o no podía hacer nada por demostrárselo, se encontró con su verdad.
Y fue en aquel instante, con su pequeña maleta al lado, cuando decidió romper a llorar y darse su lugar, respetarse y marcharse.
Sólo. 
En dirección contraria a todas las fuerzas que, hasta ese instante, habían estado jalando de él, hasta romperlo en mil pedazos.

Todos somos iguales en la oscuridad

En momentos difíciles nos parecemos. Heridos somos iguales, rotos y tocando fondo.
Aunque nos hayan atropellado distintas cosas. Aunque haya pasado un carro distinto y por querer seguirlo nos tropezamos y nos pasó encima. ¿Jodido no? ¿Y ahora qué?
Dolor, tristeza, llanto. Da igual. También ahí no hay diferencias. Ni clases, ni colores. Todos a una en diferentes posiciones quebrándonos, partiéndonos en mil pedazos.
Pero no pasa nada. También nos parecemos en algo. En eso. En la capacidad de sacudirnos, de movernos despacio, pero movernos al fin. De alzar el vuelo sin saber a dónde vamos. La idea es no quedarnos ahí. Ni un segundo más.
A oscuras todo parece igual. Pero no todo está en el mismo lugar. Aprendé a tocar. Y andate lejos. Corré, brincá. Sentí y no regresés más. Hay más cielo por delante, familia que te extraña, amigos que te aman y nuevos amores.

martes, 5 de mayo de 2020

La Felicidad y las Relaciones


Todos en algún momento hemos creído encontrar la felicidad en una relación, hasta que ésta termina.

La mayoría de las veces cuando se está sólo, medita acerca de lo qué es la felicidad. Realmente como he dicho en otras entradas la felicidad está únicamente en uno mismo y únicamente amándose uno mismo va ser capaz de no aceptar menos de lo que uno merece.

Somos seres sociales, hasta aquí no descubro nada nuevo, desde el mismo momento en que nacemos necesitamos crear vínculos con nuestros papas y familia, posteriormente con nuestros iguales creando relaciones de amistad para más tarde crear relaciones de pareja.
No obstante hay aspectos que debemos de conocer y experimentar si queremos tener una relación de pareja sana que nos aporte satisfacción y felicidad.

El formar parte de una pareja es voluntario, es una decisión personal que tomamos en algún momento dado, decidimos unirnos emocionalmente a una persona que consideramos la compañía ideal. Esta disposición debe ser continua y recíproca en la relación ya que el que es libre para estar con otro también lo es para dejar de estarlo. Tener esta idea presente nos ayuda a cuidar la relación y a cuidar del otro.

Para poder respetar al otro hay que aceptar y comprender las diferencias no como algo negativo y que nos separa, si no como algo que ayuda a conocer a la persona con la que compartís tu vida.

El compartir en pareja tiene que ir más allá, tiene una dimensión mucho más grande. El compartir experiencias, sentimientos tanto de pareja como personales, el compartir valores, preocupaciones y temores. En definitiva estar el uno con el otro, siendo eso lo único que tiene importancia en ese momento, esto es lo que le otorga calidad al tiempo compartido.
Para que haya una buena comunicación hace falta que el que hable sea capaz expresarse de forma clara y por parte del que escucha es necesario la habilidad para para encontrar respuestas incluso sin ser dichas, ya que el silencio responde muchas preguntas.

Así mismo no enfocarnos en lo negativo de la persona, y tener la habilidad de valorar las virtudes, costumbres, incluso podrías adoptar de esa personas la cosas buenas, hacerlas propias.

Recordar que el hecho de haber estado solo no signifique que tu vida era desagradable antes de esa relación, para que al momento que esa persona no se encuentre en el panorama, no te hayás perdido a vos mismo, y no te sintás vacío.

Cuando iniciás una relación de pareja no debe estar en nuestra mente como algo sin fín, aunque una vez que se está en ella no podés ver la ruptura como una solución a todos los problemas.

Para ello es necesario conocerse, para saber hasta donde termina la responsabilidad del otro, y cuando empieza la tuya. Solo alguien que se ame no podrá conformarse con poco ni nunca faltarse el respeto con tal de estar en una relación.

Hay cosas que nos hacen los demás y hay cosas que permitimos, y es allí cuando se debe de valorar si eso es lo que realmente te hace feliz y te satisface. No debemos idealizar las relaciones porque eso nos lleva a terminar en relaciones tóxicas, que no te harán feliz a largo plazo.

 Es necesario que se evalúe constantemente, mantener un grupo de apoyo cercano, de tus mejores amigos, y familia.

Ante todo amarse uno mismo.

Querer(me) cada día un poquito más



Basta con quererse uno mismo, mimarse cada día, invitarse a tomar una taza de café caliente, leer en la sala, esconderte del ruido de las calles en una librería o crear miles de historias mientras mirás a tu alrededor en una cafetería. Con aprender que primero se tiene que querer uno para luego querer al resto, y eso cuesta mucho, pero tené paciencia, las mejores historias comienzan con quererse uno mismo.

Invitate al cine a ver las películas que deseás, tomate una copa de vino, sangría o hacete una michelada y encerrarte en tu cuarto a llorar hasta que el corazón se aliviane, o escuchar a tu grupo favorito y cantar por horas a todo pulmón.
Comprá un boleto de avión y viajá sin un destino fijo, sin una fecha de caducidad en tu pasaporte, simplemente sé libre de vos mismo y de todas esas cargas innecesarias que a veces tomás como tuyas.
Compartí tiempo con tu familia, que quizás has distanciado, sintiéndote aislado vos mismo, porque ellos siempre están allí. Visitá a tus mejores amigos, concentrate y empezá a valorar a tus amigos y hacé una lista en tu mente de las personas que querés seguir viendo cuando seas anciano, porque de ello depende el vínculo que vayas a crear.
Se honesto con vos mismo y pensá bien que es lo que te hace falta, te vas a dar cuenta que la mayoría de cosas las tenés cubiertas, y luego vas a ver que lo que en realidad querés solo es estar bien vos mismo, y eventualmente la vida misma, el universo o la fuerza superior en la que creás te lo dará, solo por haber encontrado esa armonía.
Sabrás entonces que la clave de la felicidad está en quererse a uno mismo.

En esta vida ya no


Siempre supe que mi vida y tu vida no tenían un punto de conexión.
Éramos el agua y el aceite, lástima que ambos nos amábamos más de lo que deseábamos y dolía no tenerte cerca.
En esta vida ya no, ya no habría besos, caricias ni vía lácteas que contar; no podría tomar tu mano y gritar cuán feliz soy con vos.
La vida es injusta, porque amarse no debería de ser tan difícil, debería de ser emocionante, como cuando te veía llegar y el día gris se volvía soleado y la lluvia de mis ojos se disipaba sin siquiera abrir la sombrilla.
En esta vida ya no seremos 1+1, ni el tú ni yo, ni todas las cosas cursis que uno le dice a quien ama.
En esta vida, solo seré yo con vagos recuerdos de un amor que jamás llegó a puerto