Basta con quererse uno mismo, mimarse cada día, invitarse a
tomar una taza de café caliente, leer en la sala, esconderte del ruido de las calles en una librería o crear miles de historias mientras mirás a tu alrededor
en una cafetería. Con aprender que primero se tiene que querer uno para luego
querer al resto, y eso cuesta mucho, pero tené paciencia, las mejores historias
comienzan con quererse uno mismo.
Invitate al cine a ver las películas que deseás, tomate una copa de vino, sangría o hacete una michelada y encerrarte en
tu cuarto a llorar hasta que el corazón se aliviane, o escuchar a tu grupo
favorito y cantar por horas a todo pulmón.
Comprá un boleto de avión y viajá sin un destino fijo, sin una
fecha de caducidad en tu pasaporte, simplemente sé libre de vos mismo y de
todas esas cargas innecesarias que a veces tomás como tuyas.
Compartí tiempo con tu familia, que quizás has distanciado, sintiéndote aislado vos mismo, porque ellos siempre están allí. Visitá a tus mejores amigos, concentrate y empezá a valorar a tus amigos y hacé una lista en tu mente de las personas que querés seguir viendo cuando seas anciano, porque de ello depende el vínculo que vayas a crear.
Se honesto con vos mismo y pensá bien que es lo que te hace falta, te vas a dar cuenta que la mayoría de cosas las tenés cubiertas, y luego vas a ver que lo que en realidad querés solo es estar bien vos mismo, y eventualmente la vida misma, el universo o la fuerza superior en la que creás te lo dará, solo por haber encontrado esa armonía.
Sabrás entonces que la clave de la felicidad está en quererse a uno mismo.
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