Dejame enamorarme de vos como si nunca lo hubiera hecho antes. Con el corazón en las manos y el cerebro guardado en un cajón. Que ya estoy a punto, porque de pronto noto el cosquilleo previo al primer “te quiero”, pero entonces miro hacia otro lugar hasta que se me pasa.
Dejame enamorarme que yo ya estoy preparado. Que no me queda más que el último empujón para lanzarme a tu piscina. Pero cuando estoy al borde, a escasos milímetros de sentirlo, se me corta la digestión. Porque te volvés frío, y ya no me escribís mensajes bonitos, y sacás el cinismo a pasear. Y entonces yo me prometo que, si vos no me dejás enamorarme, no seré yo el que dé un paso en falso. Porque mis muros ahora son peldaños, pero en los tuyos todavía tiembla algún ladrillo. Y yo siempre he sido de mucho tropezar.
Dejame enamorarme, que los dos saldremos ganando. Porque yo cuando me enamoro es como si bailo sin música y se me encienden las mejillas y la risa suena mejor. Yo cuando me enamoro es como si ando sin tocar el suelo y se me despierta la piel y mis besos saben mejor.
Yo, cuando me enamoro, me vuelvo mucho más bonito. Así que, aún estamos a tiempo; desarmá tu armadura y dejame enamorarme, que en el fondo vos también sabés que no será un error.
No hay comentarios:
Publicar un comentario