miércoles, 4 de noviembre de 2020

Después de amor

 Y aquel joven estaba tan roto que hasta los “pedazos” de su alma podían hacer ruido. Su propio silencio hablaba. ¡Un corazón lleno de amor y sin embargo tan vacío! Unos ojos del color de la esperanza…esa que ya había perdido. Cuatro paredes donde “cobijar” su dolor bajo una manta. Un reloj que le recordaba el paso del tiempo. Rodeado de todo el calor de su gente y sin embargo, lleno de frío. Con sus cabellos despeinados, y sin luz propia.

—¿Y esto es el amor? —decía.—

No, querido mío. Se te olvidó poner un “des” delante. Seguí atravesando metas, habrá quien te acompañe siempre. Habrá una luna para vos que se llene de miel algún momento.

Imposible Amor

 De entre todos, me elegiste a mí, y me sentí tocar el cielo. Obviaste mis imperfecciones, lavaste la suciedad que otras manos dejaron en mi piel y no solo no me ponías etiquetas, sino que me las quitabas. Me sentía protegido con vos y estaba seguro de que me amabas, que estábamos hechos el uno para el otro.

Entonces, el cuchillo apareció en tu mano.

Me arrancaste la piel, me cortaste en pedazos, tiraste mi corazón a la basura y te comiste mis restos. Mientras se me iba la vida en esta tortura, comprendí lo que me decía mi amiga, eso de que las manzanas nunca deberían enamorarse de los humanos.


lunes, 26 de octubre de 2020

Self meh

 Me aterra mi silencio

y no encuentro el valor

para encender las luces de mi cabeza.


El destino se ha tomado la revancha

borrando el camino

que con sudor de tinta he intentado dibujar

mil veces.


Se me encoge el pecho

cuando intento escapar

y no encuentro la salida

del agujero que vive en mi pecho.


Hace tiempo que perdí el control

y no quise darme cuenta

de que la falsa confianza

y las fotos que disfrazan las penas con filtros

son los clavos de mi propia ataúd.


Me muevo entre fantasmas

contra los que llevo luchando siglos.


Aprovechan mis ratos de felicidad

para envolverme de nuevo

y recordarme

que no valgo más

de lo que estén dispuestos a pagar.


martes, 4 de agosto de 2020

Encontraremos la manera

¿Cómo será la nueva forma de besar? ¿Cómo podré sentir tus labios y no caer en pánico de contagiarte?

 

Tendremos que aprender otras formas de comunicarnos, quizás, vuelvan las cartas escritas a manos, las flores, los besos al viento, las escapadas a las librerías a conseguir un libro especial para él o ella.

 

Quizás, los nuevos besos sean mirándote a los ojos, mientras te sonrió con ellos y te entrego todos mis sentimientos escritos en una carta.

 

Quizás, amar se volverá más consciente, querrás de verdad, no como el último recurso de forma desesperada.

 

Quizás, solo existan los abrazos sinceros, sin tantas preguntas ni respuestas, sino, que sinceramente podrás abrazar y expresar todo lo que querés en un abrazo.

 

Quizás, besarte, sea algo así como plantar una bandera en una nueva patria que llevará tu nombre y el mío, unidos.

 

Quizás, esta nueva forma de amar, sirva para sincerar corazones, aflojar las preguntas sin respuestas y no callar los sentimientos que uno siente por otro.

 


jueves, 23 de julio de 2020

Nunca sabés...

Nunca sabés cuándo van a llegar las balas y el fuego. Nunca sabés cuándo van a llegar las guerras y los terremotos. Nunca sabés cuándo van a llegar los huracanes y las aberturas en las paredes. Nunca sabés cuándo van a llegar las despedidas y los féretros. Nunca sabés cuándo va a llegar el dolor y los errores.

Y es por eso que abrazarnos es siempre la mejor opción, y mirarnos a los ojos, y luchar con ganas.

Nunca sabés cuándo va a llegar el invierno, ni las miradas grises, ni los obstáculos, ni las calles encharcadas.

Nunca sabés cuándo van a llegar las sonrisas, pero si las querés ya, vení conmigo.

lunes, 8 de junio de 2020

Un abrazo

De todas las cosas que dimos por sentado alguna vez, ¿hay alguna más grande que abrazar? Es probable que no lo pensáramos tanto pero nos hace falta. Basta con pensar, extrañar, sentir, y ya queremos hacerlo. Nada se compara con la sensación de entrar dentro uno que sea cálido y parezca una casa grande. Ese lugar donde somos reales, y llorar y reír se hace con la misma facilidad. Abrazar es vivir un poco más. Abrazar es detener el tiempo juntando los latidos. Abrazar es querer desinteresadamente. Y lo extrañás, lo extraño. Pero un día lo haremos de nuevo. Y lo haremos sin miedo.

jueves, 4 de junio de 2020

Hoy no prix

Caí cuando debía de estar en pie.
Fallé cuando todo dependía de mí.
Me rendí cuando debía seguir luchando.
También aposté por el motivo erróneo.
Confié ciegamente en la persona equivocada.

Dejé mi piel donde solo había ascuas.
Permití que el miedo me paralizara.
Traicioné mis instintos.
Y cerré puertas y ventanas.
Pero aquí estoy hoy. 
Con mis cicatrices y mis heridas abiertas, observándome de frente, aguantando la mirada que me devuelve el espejo. Penetrante. Retando ese pulso invisible.
Sabiendo que también hay fortaleza tras esta piel magullada, que hay coraje en las costuras de este corazón quebrado.
Lo sé, hay tristeza y dolor en estos ojos, pero también hay resiliencia, la que no permitirá que la tierra absorba mi alma.

No todavía, no hoy, no ahora.

miércoles, 27 de mayo de 2020

Dejame enanorarme

Dejame enamorarme de vos como si nunca lo hubiera hecho antes. Con el corazón en las manos y el cerebro guardado en un cajón. Que ya estoy a punto, porque de pronto noto el cosquilleo previo al primer “te quiero”, pero entonces miro hacia otro lugar hasta que se me pasa.
Dejame enamorarme que yo ya estoy preparado. Que no me queda más que el último empujón para lanzarme a tu piscina. Pero cuando estoy al borde, a escasos milímetros de sentirlo, se me corta la digestión. Porque te volvés frío, y ya no me escribís mensajes bonitos, y sacás el cinismo a pasear. Y entonces yo me prometo que, si vos no me dejás enamorarme, no seré yo el que dé un paso en falso. Porque mis muros ahora son peldaños, pero en los tuyos todavía tiembla algún ladrillo. Y yo siempre he sido de mucho tropezar.
Dejame enamorarme, que los dos saldremos ganando. Porque yo cuando me enamoro es como si bailo sin música y se me encienden las mejillas y la risa suena mejor. Yo cuando me enamoro es como si ando sin tocar el suelo y se me despierta la piel y mis besos saben mejor.
Yo, cuando me enamoro, me vuelvo mucho más bonito. Así que, aún estamos a tiempo; desarmá tu armadura y dejame enamorarme, que en el fondo vos también sabés que no será un error.

sábado, 16 de mayo de 2020

Instagram

Estalló de risa. Contra todo pronóstico, aquella cita estaba siendo un éxito. No era la primera vez que utilizaba una aplicación para conocer gente y, la verdad, estaba sorprendido. Había dado con el chavalo perfecto. Atractivo, gracioso, inteligente… Hasta le contó los planes que tenía. Cuando sintió que era el momento, le comentó que era soltero, joven, humilde y con muchos sueños y anhelos. Le había ido mal en el amor anteriormente, igual que a todos. Su expresión cambió, se volvió más serio y dejó de hacer bromas. Continuaron chateando, pero la conversación se había enfriado. Cuando terminaron, se despidieron y cada uno se fue por su lado. Minutos después, recibió una notificación. Se ilusionó. ¿Sería él? Nada, era la aplicación. Había subido una nueva foto y no se acordaba. En ese momento se dio cuenta de que Instagram no era lo que creía. La tecnología siempre le jugaba malas pasadas. Pero siguió adelante, siguió subiendo fotos, porque le gustaba sentirse bonito y le gustaba ver a sus amigos y conocidos siendo felices en esa aplicación, a pesar de ser una red con contenido muy curado, es hermoso ver a la gente siendo felices, haciendo viajes o siendo divertidos con sus hijos, sus logros, sus comidas. Pero sigue en las redes, porque no tiene otra manera de conocer gente porque no sale a bares ni discos el solo, porque se cuida mucho, esperando que un día al final alguien decida decirle, vení vamos a pasear a la playa o te invito a un café, y así empezar. Y seguramente en Instagram darle seguimiento a una nueva historia.

viernes, 15 de mayo de 2020

Sólo un café, por favor

Lo encontró como se encuentran todas las cosas buenas de la vida, por casualidad, cuando menos lo esperás.
– Un café. Sólo – y al escucharse a él mismo, se prendió la luz. Los buenos regalos, los mejores momentos, las personas importantes y las mejores ideas suelen llegar así, sin avisar.
Al fondo de la taza de aquel café, en aquella cafetería a dos cuadras de su casa, a punto de caminar de vuelta hacia una casa donde había alguien que todos los días se afanaba en demostrarle que no lo quería teniéndolo cerca, pero lejos de quién aun amándolo mucho, no quería o no podía hacer nada por demostrárselo, se encontró con su verdad.
Y fue en aquel instante, con su pequeña maleta al lado, cuando decidió romper a llorar y darse su lugar, respetarse y marcharse.
Sólo. 
En dirección contraria a todas las fuerzas que, hasta ese instante, habían estado jalando de él, hasta romperlo en mil pedazos.

Todos somos iguales en la oscuridad

En momentos difíciles nos parecemos. Heridos somos iguales, rotos y tocando fondo.
Aunque nos hayan atropellado distintas cosas. Aunque haya pasado un carro distinto y por querer seguirlo nos tropezamos y nos pasó encima. ¿Jodido no? ¿Y ahora qué?
Dolor, tristeza, llanto. Da igual. También ahí no hay diferencias. Ni clases, ni colores. Todos a una en diferentes posiciones quebrándonos, partiéndonos en mil pedazos.
Pero no pasa nada. También nos parecemos en algo. En eso. En la capacidad de sacudirnos, de movernos despacio, pero movernos al fin. De alzar el vuelo sin saber a dónde vamos. La idea es no quedarnos ahí. Ni un segundo más.
A oscuras todo parece igual. Pero no todo está en el mismo lugar. Aprendé a tocar. Y andate lejos. Corré, brincá. Sentí y no regresés más. Hay más cielo por delante, familia que te extraña, amigos que te aman y nuevos amores.

martes, 5 de mayo de 2020

La Felicidad y las Relaciones


Todos en algún momento hemos creído encontrar la felicidad en una relación, hasta que ésta termina.

La mayoría de las veces cuando se está sólo, medita acerca de lo qué es la felicidad. Realmente como he dicho en otras entradas la felicidad está únicamente en uno mismo y únicamente amándose uno mismo va ser capaz de no aceptar menos de lo que uno merece.

Somos seres sociales, hasta aquí no descubro nada nuevo, desde el mismo momento en que nacemos necesitamos crear vínculos con nuestros papas y familia, posteriormente con nuestros iguales creando relaciones de amistad para más tarde crear relaciones de pareja.
No obstante hay aspectos que debemos de conocer y experimentar si queremos tener una relación de pareja sana que nos aporte satisfacción y felicidad.

El formar parte de una pareja es voluntario, es una decisión personal que tomamos en algún momento dado, decidimos unirnos emocionalmente a una persona que consideramos la compañía ideal. Esta disposición debe ser continua y recíproca en la relación ya que el que es libre para estar con otro también lo es para dejar de estarlo. Tener esta idea presente nos ayuda a cuidar la relación y a cuidar del otro.

Para poder respetar al otro hay que aceptar y comprender las diferencias no como algo negativo y que nos separa, si no como algo que ayuda a conocer a la persona con la que compartís tu vida.

El compartir en pareja tiene que ir más allá, tiene una dimensión mucho más grande. El compartir experiencias, sentimientos tanto de pareja como personales, el compartir valores, preocupaciones y temores. En definitiva estar el uno con el otro, siendo eso lo único que tiene importancia en ese momento, esto es lo que le otorga calidad al tiempo compartido.
Para que haya una buena comunicación hace falta que el que hable sea capaz expresarse de forma clara y por parte del que escucha es necesario la habilidad para para encontrar respuestas incluso sin ser dichas, ya que el silencio responde muchas preguntas.

Así mismo no enfocarnos en lo negativo de la persona, y tener la habilidad de valorar las virtudes, costumbres, incluso podrías adoptar de esa personas la cosas buenas, hacerlas propias.

Recordar que el hecho de haber estado solo no signifique que tu vida era desagradable antes de esa relación, para que al momento que esa persona no se encuentre en el panorama, no te hayás perdido a vos mismo, y no te sintás vacío.

Cuando iniciás una relación de pareja no debe estar en nuestra mente como algo sin fín, aunque una vez que se está en ella no podés ver la ruptura como una solución a todos los problemas.

Para ello es necesario conocerse, para saber hasta donde termina la responsabilidad del otro, y cuando empieza la tuya. Solo alguien que se ame no podrá conformarse con poco ni nunca faltarse el respeto con tal de estar en una relación.

Hay cosas que nos hacen los demás y hay cosas que permitimos, y es allí cuando se debe de valorar si eso es lo que realmente te hace feliz y te satisface. No debemos idealizar las relaciones porque eso nos lleva a terminar en relaciones tóxicas, que no te harán feliz a largo plazo.

 Es necesario que se evalúe constantemente, mantener un grupo de apoyo cercano, de tus mejores amigos, y familia.

Ante todo amarse uno mismo.

Querer(me) cada día un poquito más



Basta con quererse uno mismo, mimarse cada día, invitarse a tomar una taza de café caliente, leer en la sala, esconderte del ruido de las calles en una librería o crear miles de historias mientras mirás a tu alrededor en una cafetería. Con aprender que primero se tiene que querer uno para luego querer al resto, y eso cuesta mucho, pero tené paciencia, las mejores historias comienzan con quererse uno mismo.

Invitate al cine a ver las películas que deseás, tomate una copa de vino, sangría o hacete una michelada y encerrarte en tu cuarto a llorar hasta que el corazón se aliviane, o escuchar a tu grupo favorito y cantar por horas a todo pulmón.
Comprá un boleto de avión y viajá sin un destino fijo, sin una fecha de caducidad en tu pasaporte, simplemente sé libre de vos mismo y de todas esas cargas innecesarias que a veces tomás como tuyas.
Compartí tiempo con tu familia, que quizás has distanciado, sintiéndote aislado vos mismo, porque ellos siempre están allí. Visitá a tus mejores amigos, concentrate y empezá a valorar a tus amigos y hacé una lista en tu mente de las personas que querés seguir viendo cuando seas anciano, porque de ello depende el vínculo que vayas a crear.
Se honesto con vos mismo y pensá bien que es lo que te hace falta, te vas a dar cuenta que la mayoría de cosas las tenés cubiertas, y luego vas a ver que lo que en realidad querés solo es estar bien vos mismo, y eventualmente la vida misma, el universo o la fuerza superior en la que creás te lo dará, solo por haber encontrado esa armonía.
Sabrás entonces que la clave de la felicidad está en quererse a uno mismo.

En esta vida ya no


Siempre supe que mi vida y tu vida no tenían un punto de conexión.
Éramos el agua y el aceite, lástima que ambos nos amábamos más de lo que deseábamos y dolía no tenerte cerca.
En esta vida ya no, ya no habría besos, caricias ni vía lácteas que contar; no podría tomar tu mano y gritar cuán feliz soy con vos.
La vida es injusta, porque amarse no debería de ser tan difícil, debería de ser emocionante, como cuando te veía llegar y el día gris se volvía soleado y la lluvia de mis ojos se disipaba sin siquiera abrir la sombrilla.
En esta vida ya no seremos 1+1, ni el tú ni yo, ni todas las cosas cursis que uno le dice a quien ama.
En esta vida, solo seré yo con vagos recuerdos de un amor que jamás llegó a puerto

lunes, 23 de marzo de 2020

Se animó

Por primera vez en su vida estaba abriéndose al otro.
 Ese día se sintió agotado, agobiado y por qué no lastimado.
 Nunca quiso mostrarse débil frente a nadie. 
Pero ese día no pudo. 
Explotó en llanto. 
El joven muy lentamente le decía “no puedo más”, mientras él le acariciaba el pelo y le decía que se quedara tranquilo, que no está solo y que la vida es así de profunda cuando quiere.
 No importa. 
Lo que importa es que él por primera vez se dejó caer en otras manos. 
Había traspasado su propia piel para unirse a otra. 
Sin darse cuenta, se estaba desnudando por dentro para dejarse poblar por él.

Distancia somos todos

¿Se puede sostener una mano a mil kilómetros de distancia?
Todo depende de la mano, de la fuerza, de las ganas, del apego, del viento y las ventanas.
De ver la fotografía correcta.
De entender las nubes cuando pasan.
De ver llover y creer que la tormenta besa.
De sonreírle al espejo, con brillos nuevos.
Nos han mentido, nos dijeron que no se podía querer de lejos.
Y se equivocaron, porque todos llevamos distancia dentro, y la sacamos cuando menos lo esperamos.
Y le hablamos, y le respondemos cuando pregunta.
Y la besamos.
Como tranquilizándola un poco, y diciéndole: Tan lejos no estamos.
Y se siente bien. Ya no quema, ya no duele, ya no rompe.
Solo es silencio.
Y una llamada, un mensaje, un audio, un todo.
Y listo. Somos reales, de verdad, queremos.
Y nos hacemos sentir.
Simplemente, porque todos, somos distancia

La gente no quiere a los tristes

La gente triste no le atrae a nadie
—¿Qué es a lo que más le temés? –le pregunta el psicólogo.
—A que me pregunten cómo estoy –dice tímidamente intentando vocalizar para que se le entienda.
—¿Por qué? –dice el psicólogo intentando obtener una respuesta más elaborada por parte de su paciente.
—Porque siento que decepciono a la gente cuando respondo que estoy mal. Sus grandes expectativas hacia mis respuestas hacen que me vean como alguien anormal por no ser la persona feliz que necesitan en sus vidas. Supongo que a nadie le gustan las personas tristes.
—Tenés que entender que no nos educan para saber sobrellevar nuestras emociones, muchas veces incluso no estamos preparados para gestionar una felicidad inmensa. Con la tristeza viene a ser lo mismo, la gente no sabe cómo enfrentarse a tu malestar continuo. Aunque todo eso no significa que seás anormal, las emociones siempre han sido muy complejas, poco a poco sabrás cómo convivir con ellas – dice intentando darle esperanza.
—Quiero poder decir que estoy bien, en serio que lo quiero. Pero no quiero que sea mentira como la mayoría de las veces que lo digo – por un momento siente que va a romper a llorar e intenta evitar la mirada de su psicólogo.
—Lo lograrás, sin embargo, tenés que tener paciencia, al igual que cuando te rompés el tobillo y necesitás reposo para volver a caminar y luego correr, tu mente también lo pide a gritos. El camino será largo, pero juntos lo lograremos, al menos has sido capaz de reconocer que necesitás ayuda y eso es un comienzo.
—¿Y si no consigo estar bien? –dice con voz temblorosa.
—Te ayudaré a intentarlo hasta que lo consigás. Siempre y cuando me prometás que no te vas a dar por vencido con vos mismo –por un momento siente miedo a la respuesta de su paciente.
—Lo prometo—dice mirando por fin a los ojos a su psicólogo dejando caer las lágrimas que tenía retenidas.

Amor, no ideología

Puedo ser aún sin estar, pero no me atrevo a quedarme en ningún sitio sin hacerme sentir.
Porque la cercanía cuando es rutina, cuando besas de memoria, pero como aquellos viejos poemas que te hacían recitar en la escuela. Así, no se vale.
El amor es algo más. Muchas cosas. Menos eso en lo que lo han convertido. Y quizás todos somos los culpables. Por idealizarlo, o por no entenderlo. Lo único cierto es que el amor es otra cosa. El amor es quedarse bien, hacerse sentir. Abrazar sin abrir los ojos y con puños apretados.
El amor somos nosotros diciendo cosas bonitas, que abarquen a dos y no a uno solo. El amor es extrañar desinteresadamente.
El amor es esa distancia que te arropa por las noches. Aunque solo veás una pequeña pantalla.
El amor es la paciencia con la que cada día, vas acercándote. Y no esos clichés tan gastados. Y ya sé que puede ser muchas cosas más. Pero, sobre todo, es entender que se puede ser sin estar. Pero no se puede al revés. ¿me entendiste?

Arena Movediza

Hoy me han vuelto a recordar de qué se trata esta cosa tan absurda del amor y los sentimientos.
Partamos que hablo del amor de mi vida, de una relación de varios años que me dejó tocado por más costados de los que tengo. Partamos de una conversación que nunca debió producirse. No al menos un viernes a las cuatro de la tarde cuando yo aún estaba mudando la piel de la historia que tuvimos. No al menos mientras pedía a gritos que alguien me jalara y me sacara de aquel montón de mierda en el que me metí yo solito.
Un abrazo. Necesito un abrazo. No puedo esperar más. Un abrazo ahora.
Me gustaría también un beso, de quien estuviera dispuesto a poner en el tercer botón el abanico para despejar toda mi niebla. La que él trajo, yo venía despejado de fábrica. Estoy poniendo en mute a mi piel, que parece no cansarse de pedir auxilio a cualquier desconocido que se acerca unos centímetros más de la cuenta.
Respirá. Nadie va a calmarte hoy. Recordé que de vez en cuando, alguien necesita romper nuestra frialdad introduciendo sus manos en el fondo de nuestro pecho. Apretando el corazón entre sus manos. Hacernos recordar que el dolor insoportable es el mejor signo de que estamos vivos. Dejar el corazón parado, en descanso. Hasta que otras manos vuelvan a sostenerlo, pero esta vez, para reanimarlo.
 Dicen que los pasos en falso a veces conducen hacia los mejores destinos, pero no fue nuestro caso.

Cielo estrellado



Creo que de vez en cuando debemos mirar al pasado, y ver lo rápido que cambia todo. Mirar al pasado nos ayuda a entender que en el fondo lo malo tiene su parte buena, que cuando el mundo se derrumba, empieza a construirse uno mejor.
Mirando al pasado te das cuenta que la felicidad son momentos fugaces, que si querés verlos debés tener las ganas y el valor de levantar la cabeza.
Mirando al pasado te das cuenta que cuesta lo mismo ser negativo que positivo, pero que pudiendo elegir, no seas un valeverguista.
Mirando al pasado te das cuenta que perdemos demasiado tiempo en personas, que son solo pasado, y que dejamos de lado a las personas que son presente y que quieren ser futuro.
Mirando al pasado, valorás el presente, y te das cuenta que lo único que importa son esos momentos de felicidad fugaz, así que levantá la cabeza, que hoy en la noche el cielo está estrellado.

Escapar

Escapar 
Vivía junto a mí en una cueva muy pequeñita. Aunque no éramos pequeños, ni nos gustaban las cuevas, pero nos habíamos hecho creer que era lo que nos correspondía.
Cada vez nos costaba más encajar en aquel diminuto espacio que teníamos destinado, los cuerpos se nos engarrotaban y las piernas nos pedían caminar. Algo en el interior susurraba palabras de libertad, hasta que esos susurros se convirtieron en gritos, y una luz se encendió en nuestros ojos.
Una mañana, cansados de encogernos, salimos de la cueva, nos estiramos mucho, como si quisiéramos tocar con los dedos el sol, y salimos a buscar lo que merecíamos.