A veces casi me siento invisible. No me doy cuenta al principio, pero poco a poco voy dejando de participar en la conversación y me alejo, como si estuviera viéndolo desde fuera, como si los que hablan a mi lado no fueran mis amigos y no pudieran verme. Cuando me doy cuenta de esto, ya es difícil volver. Me cuesta participar y entrar de nuevo en la conversación, así que generalmente me quedo en estado de casi invisibilidad el resto del tiempo.
Es una sensación extraña porque, aunque sé que lo provoco yo y no es que los demás me excluyan en absoluto, es algo inconsciente. Puedo reírme a carcajadas de lo que dicen y seguir el hilo, aunque no interfiera, o sus palabras me recuerdan pequeñas cosas de repente, haciendo que me evada durante unos segundos y no me entere de nada. Como si una bombilla se encendiera de repente en algún lugar de mi cabeza y no pudiera evitar mirar lo que ilumina. En este estado también es común que mi cabeza analice a los que tengo alrededor y llegue a conclusiones que es probable que llevaran tiempo gestándose aunque yo intentara evitarlas, como si de repente alguien pusiera una boya en esos pensamientos y los hiciera salir a flote. Plop. Y ahí se quedan, con su color de advertencia mandando señales.
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