Dejen de ser medusas de agua dulce,
ustedes imaginarios sin corazón
de máscara sonriente y aspecto afable
que el planeta ya no los necesita.
El pecado de mi reflexión
o la tristeza de mi reflejo
opacan la figura trastornada
de lo que podría ser mi cuerpo
y miento con verdades que en un futuro
me serán reprochadas
aunque las dije con total sinceridad.
No me miren, por tanto, que el eclipse nocturno
no cierra los ojos, es búho,
es un corsé de espinas,
de dolor y de espanto.
Belleza no es un buen cuerpo
ni un rostro bonito, mucho menos
unos ojos que atraigan
porque la verdadera belleza
dura para siempre y no se encarcela
en vanidades ni en entes mundanos,
la belleza, sin reprochársela a otros,
soy yo, y no me jacto en este hecho.
Al azar ha venido un pensamiento
que debo transmitir al huésped que
veo en el espejo todos los días
y es transversalmente convexo,
excéntrico y acelerado;
en movimiento se detiene y es perpetuo,
no me coman más, no persigan
mi esencia.
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