Estamos exactamente en la misma posición pero en orillas opuestas. Nos ata con fuerza al suelo el ancla del orgullo, enorme en ambos casos por ser justificado. Y eso no nos deja dar más que milimétricos pasos de acercamiento que no son suficientes. Nos conozco bien, ninguno soltará el amarre, ninguno elevará el ancla.
Pero, ¿qué pasaría si lo hiciéramos? ¿Qué pasaría si pudiéramos ser libres para dar pasos de gigante? Que no es un riachuelo, que yo hice de esto el Gran Cañón del Colorado. Y aún nos quedaría un precipicio de por medio que saltar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario